24/10/2020

Adelfa Mosqueira -- Cuatro poemas

 (Trabajos del Taller de Poesía y Letrística 2020.)


El viejo eucaliptus
sigue dando
hamacas, mi balanceo
lo acompaña

Tu pesimismo
me alisa la mota
hasta con bigudí puesto
me rodea en si menor
me persigue en bicicleta

está tan pobrecito
que ya
no será necesario
matar.

Poesía

En vos, el dolor
no hace hogar

y el amor no es
sólo garantía

para la especie.

Aquí no es posible
el destierro.

El asesino de mí
se suicida.

La muerte duda.

Y no es venganza
es Justicia.

No te conocí cuando tus ojos
se esforzaban por ser de cielos.

Ni en jugueteadas charlas
entre vecinas nuevas
sobre viejas pérdidas
y los trabajos para la esperanza.

Sí me quedaba mirando
cómo el negro labrador y la grisecita
razaperro, como síntesis de tu pedigrí,
escoltaban tus furiosas caminatas

huidas? donde el hermanito
torturado matado desaparecido
te hacia señas
desde tanto doler?.

In memoriam de Florencia, vecina.


Germán Videla -- Nuestro destino

(Trabajo del Taller de Guión Cinematográfico 2020.)


(“Nuestro Destino” cuenta la historia de TOM y ELIZABEHT, quienes lucharan por conseguir la felicidad que tanto desearon en sus vidas, pero eso conllevará un arduo trabajo que los llevará a tomar decisiones muy difíciles que pondrán es riesgo su relación.)


TOM es un joven de 22 años que perdió a sus padres cuanto tenía 16, el siempre soñó con ser un baterista de jazz y poder ser alguien en el mundo, pero luego de la muerte de sus padres, TOM y su hermana ELIZABETH buscan la manera de sobrevivir a la vida como pueden, ambos intentan de estar lo mejor posible a pesar de la situación que viven, pero no siempre pueden lograrlo de la mejor manera posible, TOM tiene un trabajo con el cual se mantienen él y su hermana, siempre fueron muy unidos.  Un día TOM se encuentra con una chica llamada ELIZABETH, que es una saxofonista y bailarina profesional desde que tiene 13 años, cuando ella llegó a ser mayor de edad, intento librarse del mundo de la fama, pero nunca pudo; ella siempre soñó con tocar jazz con personas que vivan y sientan el jazz, y también que alguien la ame por como es y no por quien es en realidad, pero TOM no sabe quién es ella, entonces la trata como a una persona más; con el tiempo ellos se siguen encontrando, ambos conocen a sus familias, pero prontamente sus deseos por cumplir sus sueños se interponen en su relación, lo cual hará que tengan que decidir entre cumplir sus sueños o ser feliz con la persona que aman.


Paola Corazza -- Tres poemas

(Trabajos del Taller de Poesía y Letrística 2020.)


Periferias

Periferias con calles de tierra
y puertas sin llave
con ritmos que me hacen
volver a la infancia
cuando todo sucedía
con una entrañable lentitud.
Evoco aquel estado
mientras el sol cuela sus rayos
en mi agradecida espalda
a modo de abrazo
y el humo del mate
serpentea códigos extraños
que sólo los ancestros
se atreven a leer
Es la hora mágica
en que el silencio habita las mañanas
en la espesura del bosque
prístino, imponente
en esta soledad de voces
que aturde de silencios
y por momentos nos regala
la inefable oportunidad
de vislumbrar un chispazo
una luz, una certeza
de gestar una quimera
para imaginar lo nuevo:
lo inexplorado que renace
una y otra vez.


Reflexión acerca de las miradas sobre el Otro


Propuesta

Vengo a proponerles
un sueño
encaramado en la rama
de un laurel
que yace moribundo
desde hace tiempo.
Como hiedra persistente
mece sus hojas al viento
que a veces se deslizan
y caen
en tiempos de duro invierno
para sembrar la tierra
de amaneceres
y brotes tiernos que emergen
tímida y decididamente
como una vida perpendicular
en la chatura del suelo.

Laura Ponce -- Encontrado en una botella

 (Trabajo del Taller de Escritura para Adultos 2020. Género: cuento.)

18/7

No hay un día que no me arrebates tiempo y energías preciadas, aun más para este convaleciente. Me enfurece pensar en todos los momentos que me restas con tu, tantas veces deprimente y desesperante, situación. Herida abierta que nunca cura y se necrosa. Se me ocurren deducciones crueles e injustas. Quiero gritarte mirándote a los ojos y que mis gestos encarnen más la daga en tu piel. Peor aun, a veces fantaseo con desaparecer, de tu existencia claro, continuar con la mía con los pedazos que queden, pues quitarte a ti de mí sería desmembrarme en casi todas mis zonas; tuyas siempre fueron hasta las íntimas, las más básicas para andar y hablar. Quizá en realidad nunca llegaron a ser mías. Quizá seguimos en esa simbiosis, en que alguna vez fuimos felices, serenos al escuchar el ritmo de nuestros pechos. Pero qué lejana y desconocida queda esa sensación, no por los 33 años transcurridos.

Mi voluntad, por gran parte de mi vida, era la tuya, adornada por mis consideraciones. Realista, prudente o maduro me decía, cuando yo apenas me apropiaba de los pequeños detalles que me permitían tener, al menos, una mínima singularidad en verdad propia, y no aquella que queda de tus deseos y proyecciones. Manchaste y pudriste mi libido, con una tinta moralina y pecaminizadora; ya hace más de un año no concluyo un acto sexual compartido, diría que tampoco conmigo mismo.

Un perrito apareció en escena y es inevitable sonreírle, se me olvidaron parte de mis pensamientos, así soy de momento. La ira es intensa en mí, como en casi todos supongo; me recorren recursividades para el placer de cada rencor e indignación de mi ser. Me gusta que para balancear la intensidad, la duración sea efímera, porque cuando estoy así mancho todo con mi bilis y a veces queda así un tiempo, como la señora de a media cuadra, que osó juzgar a nuestra pequeña familia, y que ni se merece tanta atención.

¿Y cómo enojarme por más tiempo? Es retórica, pero aun así también es ridícula esta pregunta. Yo mismo no me lo permito, busco con la mirada el perrito, el cielo estrellado o una escena cotidiana y cordial en la calle. ¿Cómo admitir mi enojo? ¿Justicia? Ja. ¿Naturalidad acaso? ¿Reparación? ¿Resistencia? Quizá un poco, pero ¿para qué? Si ya no creo en la idea que me heredaste, de que sanaremos luego de morir y que un señor hará “justicia” por lo que fue y lo que no pudo ser. A estos 33 años me remito y afirmo que haciendo indefinida a esa tolerancia e inercia, solo caemos más profundo. De acuerdo, no hay que acumular, pero ¿dejar que salga? ¿Sin andar luego como alma en pena arrepintiéndose de sus arrebatos? ¿Por qué siempre me queda un gustito de culpa?

 

19/7

No hay un día que pueda volver temprano a mi soledad. Mi soledad, ni siquiera puedo llamarla “mi” soledad. Y me vuelve la bronca. Se que no había dicho bronca, había dicho ira, pero ahora muto. Cuando veo que otro espacio más... me lo sacas. Ni siquiera llegué a tenerlo esta vez. Me lo sacas sin siquiera tenerlo, eso es. Así se resumen mis sueños, caen antes de ser siquiera realmente sueños. Solo son una insinuación de la imaginación que ni siquiera llego a reconocer como tal en mi cabeza. Mi ilusión se extravía, pero cae, como en un puente a medio construir. En realidad, estaba roto. ¿Te imaginas cómo sería la vida si yo tocara el violín? Si no hiciera más que practicar y crear. Mi tiempo... se rescataría del tacho por arte de los tonos melancólicos tan variados como los matices de un azul. Irme a dormir olvidándome de las circunstancias y llenándome de posibilidades armónicas, con ritmos cada vez más apropiados. ¿Cómo sería la vida si trabajara en... si hubiera crecido en un vivero? Si cuanta naturaleza me rodeara fuera pacífica y apacible como la amansada por el cultivo; cada tanto algún lagarto, violentamente veloz, pero no más que eso. Y la mejor parte, una familia amansada por un vivero. Aunque creo que nuestra manada sin esta ciudad que nos combustiona, en la que somos extraños con temor por lo que nos refugiamos en nuestro bunker hasta del Sol.

Entonces, nada.

 

20/7

Me da bronca porque me olvidé una vez más de mis cuadernos, de mis ideas, de mis consuelos y mis divagaciones complacidas. Me lo olvidé como siempre, haciéndome cargo vos, de él; son bien distintos, pero casi que significan lo mismo. No hay un atardecer que no esté manchado, no hay un día completo para mí, porque no existe; al menos nunca ha existido. En los días que no te vi, que no los vi, en los que no hablé con vos, al menos seguro te pensé, tanto como para adivinar qué me dirías. Tu opinión es como el Robin de mi Batman, siempre ahí. Pero este es un Robin desdeñoso y confabulador. Un Robin que todo lo ve y todo lo sabe, que proyecta sus planes en un Batman que nunca estuvo a la altura de tener un objetivo propio. Es solo un sueño. Es solo sueño.

Me olvidé mis libros. Mi bronca quiso decírtelo, para que sintieras un poco de esta culpa. Pero no, no voy a darte ese placer, porque en vos la culpa no es como en este ser maltrecho. A todos acá nos hunde más en la miseria emocional, sí, pero pareciera que a vos te gustara perder; para vanagloriarte de tus victorias. De tus guerras. Un soldado sin guerra, no lo sería, y cuanto mejor si lleva medallas de horror. Por eso todas tus penas cumplen roles importantes en tu teoría de la vida, de vos. Porque sin ellas ¿qué serías? Una señora más. Quizá de aquellas, estragos de un vivir ya escrito y no por ellas, que arrastran las pútridas creencias confortantes de su época que las mantuvieron en la locura. A las que la mayoría rehúye, por lo que andan mendigando una poca de atención con ánimo moribundo. Que te topas por ahí, con una mirada que exclama: “Por favor háblame, que mi mente no respiró en todo el día”. Es lamentable, y claro que las comprendo; así vamos todos, en mayor grado en cuando nos vamos dando cuenta de que quedamos y quedaremos obsoletos para una ciudad que ya nos usó. Más aun cuando te veo en ellas, cierto intento de transferencia diría el paidólogo que nos trató, les continúo las charlas con cordialidad, no siempre, pero más que tantas para arrepentirme. Rara vez termina bien, pues todo parece arrancar con una buena intención, una mirada tierna y amable, amable solo con vos. Que te comenta la dulzura o las penas de su familia, de su jardín o propias. Cómo la rema con el reuma, la presión alta y la artritis de la rodilla; con la decadencia del cuerpo. Decadencia que ojalá solo fuera del cuerpo. Una ser que compulsivamente sale a la espera de que alguien la mire, gestos y ojos semi-comprensivos. Ojalá solo el cuerpo sufriera procesos de descomposición. Las mentes, esas mentes, nuestras, más aun de los que ni se dan cuenta, lo digo desde la experiencia patrimonial: chorrean alaridos por misericordia, quieren piedad. Y más aun, como no tienen, la piden, como no tienen, la quitan, la escasean y ratonean. Claro que son amables ahora, pero qué tal con la vecina del piso de arriba que es madre soltera, el pibe que viste ancho y no anda con cara de hipócrita, el señor que toma de su trago solo; ayer en una mesa, esta tarde en la vereda, en la mañana por la plaza, buscando compañía con extraños. ¿Acaso no hace ella lo mismo? ¿No se droga y busca algún extraño con quien desahogar su conciencia entumecida? ¿Y qué escupe? Malas noticias y malos augurios, casi pareciera maldecir todos los tiempos; ¿cómo podría decir otra cosa? Acá es donde tengo miedo de seguir este camino juntos y ser calcos análogos de esas gentes. Es que esa predisposición es contagiosa, en ciertas circunstancias inevitable, ¿no, madre? Le gusta lucir un traje hecho a la medida y artesanal de cordero. Luego de sintonizarte, el mundo ya está en el suelo y ustedes hacen de comentaristas. ¿Qué se mezcla para ello? Además de la decadencia indesligable del espíritu acomodado y hecho para esta época; que construye una cotidianidad que lo va corroyendo con amargura. No por la rutina misma, sino por lo lejanas y contrapuestas que terminamos dejando todo aquello que nos movilizó el corazón. Lo deseado toma la forma del capricho, que no depende de uno ni del qué ni el cómo. Se combina con este gran desperdicio de vida: el peso del tiempo, que como con todo, le abre paso para seguir cayendo aun más. Inevitablemente, si no se tira abajo este camino destinado a la muerte crónica, una pestilencia cada vez más amplia e intensa destilará su ser al pasar las historias. Y acá estamos sentados tomando un absurdo té, con los sentidos insensibles.

Y ahora nada y se ahoga. Nada y se vuelve a ahogar, en la salsa de su bilis con las babas que no supo tragar. Espesa y estancada, que ha atrapado los olores y sabores de los restos de todo aquello que alguna vez la conmovió. Los restos de aquello que alguna vez sintió intensamente y no supo tragar. Harta y cansada, te acomodaste en lo espeso y denso; que va absorbiendo las luces y aires frescos de cuanto lo rodea. Cada tanto, uno come de esta desazón por elección. Nos servimos todos del gran plato, entusiasmados y expectantes ante la incertidumbre que nos dan los nuevos síntomas del avance de tanta enfermedad. Hay quienes comen asqueados, y sin embargo, se sirven una gran porción. Refunfuñando, pero sin obligación. Y es que el alma necesita, disfruta de que simplemente algo ocurra, que le sacuda las emociones e impresiones amarillentas, y si es necesario, que manche cuanto sea. Porque claro que no le alcanza con lo placentero y natural de comer, defecar y rascarse. No satisface los deseos, pálpitos y extravagancias de un ser humano, aun más en aquel que probó la vigorosidad de la afirmación que le hace frente al miedo natural. Con todo esto solo me doy ánimos y argumentos para volver a salir, sabiendo que no habrá vuelta atrás, esta vez yo no me y no te lo permitiré, aunque no sé cómo haré. Si hasta me armabas parámetros para bailar de manera adecuada. Ahora todo no es solo incómodo, quema, como el reproche que no se las de la de tal, “recuerdos” me decías con cariño, de cuando tragaste, te ahogaste y soportaste a este traste sucio que te dejó dentro el otro sucio con el que desayunas la desgracia cada día.

 

21/7

Allí esta la juventud con su tiempo libre, disfrutando el calor del sol. Yo logré huir a tiempo para ver su luz, hoy pude. Pero no alcanza con el cuerpo, mi mente sigue ahí. Quisiera, claro, poder traerla conmigo y pasearla por el pasto y mirar juntos ese perro. Así de escindido deambulo por las calles de este rectángulo de ciudad. Puedo imaginar que les parecería un absurdo lo que digo, ya no me importa, feliz cumpleaños a mí. Y al final solo es decir lo evidente, nuestra fragmentación es inescapable, precio de una cómoda caída libre. Lamentablemente no guardo en mí tantos deseos como para pedazo y como quisiera, pero sí distingo uno, que le pertenece al ahora. El unirnos del todo, todos, con el presente. Ese si sería un obsequio para este anacoreta. Simplemente estar de lleno en todo esto. Y que cuando pasemos por una plaza respiremos la vida, miremos al cielo con ojos grandes tratando de comernos cada matiz, y al caminar tratemos de hacerlo lento.

Silencio. A veces gano una batalla y obtengo silencio. Pero como no soy buen ganador, mancho la victoria con sobre-pensamientos, críticas sin propósito disfrazadas de constructivas y justas; que tiran abajo mis defensas apenas construidas, ¿soy yo o ustedes acaso? No sé si ustedes dentro mío ocupan más espacio que afuera. Y escupo, cuando me lo fumo escupo, yo todo negro y puro, contaminado por la palidez del humo con su sabor invasor. Yo solo quiero exprimirle su efecto depresor, un bajón de presión y la distracción que da el fumar, así tus palabras se acomodan al ruido vacío. Una vida de creerles todo solo puede avanzar a dejar de creer en algo. Consumir, porque yo como la señora, también tengo mis sustancias. Y la señora somos todos, y vos, vos y él, más que nadie. Por ese tema del tiempo, ¿viste? Es en vano mi pregunta, porque nunca la escucharás de mí, pero igual lo digo, lo que hace más difícil lo vuestro es el peso del tiempo en sus sesos ya aplastados.

Allá pasa un pibe, con paso ligero, degustando el bosque con la mirada. Yo apago el pucho pensando en que no tengo amigos, arruiné cada oportunidad, y a consciencia. Pues son peligrosos, ¿solo en la familia se puede confiar? Por ahora no toleraría la presencia de alguien nuevo. ¿O eran ustedes los que no lo toleraban? Y sin embargo sé que al cabo de un rato, por algún momento me distraería y zambulliría en sus palabras con atención, olvidándome de mi persona. Somos intensos, lamentable y favorablemente para mí; nos hacemos más problemas de cuanto se pueda, los del entorno, los de ayer y los de mañana; a veces si nos enteramos, los del lejano. ¿Qué más podría hacer con la historia de ustedes entonces? Sino torturarme como vos me enseñaste, y nunca soltar. Así durante horas, días, hasta meses, quizá la vida entera, se me puede ir, se me fue, buscando una respuesta. La mente tiene algo de maliciosa y trae al presente frecuentemente los recuerdos más ofensivos, ¿o solo soy yo? Aunque por primera vez recordaba algo bueno de aquel único viaje largo que hicimos cuando tenía 7. Fue que “escalamos” un cerro para quedarnos admirando la ciudad a sus pies, que ustedes me iban presentando. Así como hacían con el resto del mundo conocido. Me dieron las primeras impresiones de todo cuanto cabe en una mente inmaculada, y cómo negarme, si todos arrastran malas intenciones, según ustedes, no puedo confiar en nadie más. Todo cuanto mirábamos era bello, cruel, despiadado, miserable, egoísta y altanero. Y ahí están mis amigos, los que a veces niego, mostrándome las múltiples caras del mundo que siendo altanero, también se queda con sed por darte agua, y vomita para alimentar las plantas. Pareciera que nunca conociste tal nobleza, te quedaste en el miedo y desde allí me gritaste con pánico. Yo hice lo mismo, hasta asquearme, y por respirar tuve que salir de ahí. Cuánta culpa y pena me costo, pero mi ser en el fondo no se arrepentía, había probado de la copa de la vida un sorbo de aire nuevo. Y ahí, mientras andabas siempre tan siempre cansada y ocupada, yo me aventuraba por los rincones de la ciudad, de la casa, del sótano y del árbol de enfrente. Mis refugios sin reparo. Haciendo mi pequeño espacio, sin paredes, pero donde ustedes no llegaban. Ahí desapareciendo del mundo, pero siendo más que nunca parte de él, sin que nadie pudiese llamarme. Y no independientemente, pero sí con la mano más ligera, iba poco a poco (y no sin mucha inseguridad) dibujando juicios propios. Parámetro humano necesario para decidir hasta lo más mínimo. Y mis acciones, como hojas en el viento, como las de un niño de diez años, iban planeando en el aire sin las turbulencias que, con la edad y comunidad, se las tira al piso. Inconveniencias convenientes para tirar la voluntad en pos de una tranquilidad aberrante, un silencio funerario en las almas y casas, donde nadie se divierte. Para parar cualquier actividad real y considerar opiniones imaginarias. Y como inevitablemente estas corrientes chocarán con los garabatos de un niño y las líneas de los padres, se generan juicios abominables como creado por Frankenstein. Se contradecirá, y luego reafirmará la incongruencia, para quedarse en la nada que no estorba. Por eso cuando te odio (sí, venimos de la bronca y de la ira) me asqueo. Casi que no puedo decirlo, y me odio a mí mismo por pensarlo, porque no te odio, yo te amo, yo los amo. Pero solo quien ama es capaz de odiar así, ¿no? No, no…

Creo que me es una urgencia decirlo, reconocerlo al menos. Y sí, ¿cómo no te voy a amar?, ¿cómo no te voy a odiar? Y si me dañaste en tu ingenuidad e inocencia de quien lastima por cuidar y defendiéndote te golpea. De quien no tuvo tiempo de pensar, apenas para pelear. Y miro al costado, y pienso que no te mereces ser odiada por esa porción de mí que lo siente intensamente. Que es imposible hacerlo, porque la vida es austera y miserable para pensar en eso… y vos hiciste lo que supiste. No quisiera ni decirlo en voz alta, pero algo me incita a hacerlo. ¿Y cómo? Si no eres consciente de los porqués, y jamás lo harías adrede. Y está demasiado por demás aclarar que no tienes la culpa, porque ni enterada estabas de lo que pasaba, de lo que se gestaba y enraizaba en nosotros. Ni lo estás de mi auto obsequio. Estoy de más yo, porque hay tanto en lo que no te entiendo, tanto inimaginable, que me parece un pecado odiar, en general, pero hacia ti, un sacrilegio. Te lo dije por primera vez el 18 de julio con mirada confusa: yo te amo. Pero consecuentemente a los mismos motivos: también te odio. Porque al andar es casi inevitable ensuciar.


22/7

¿Qué haré al hundirme para correrlos de mí? Aunque me parezca imposible, es vital hacerlo.

Sé que a veces ni te percatas de que lastimas y otras disimulas, como un niño. Y yo me quedo sin espacio, es muy literal. Otra vez la angustia está en mi cama. Porque no sé ir más allá. ¿Por qué no sé ir más allá? Cuando me fui bien lejos un buen tiempo, siempre me obligabas a volver con tus anuncios lastimosos, y por lógica familiar yo debía acudir. Lo peor es que no quiero a nadie. Lo máximo que podría admitir sería una presencia animal y al final ni a ti te quiero. Fantaseo con una caja para mí solo, oscura y fresca, con un toque húmedo y eterno.

Y mientras me voy percibiendo, veo con pena que cuanto pienso, digo y hago es ridículo, hasta ese mismo orden. De todo y todos, resulté una nada asquerosa que vive arrepintiéndose y dudando, pero no hoy. No me iré con mis pedazos, lo dejaré todo aquí en estos cuadernos que desaparecerán en el agua, como todas mis desavenencias, como todo tu cuerpo, que nunca llegó a ser mío, y elijo robártelo, para lanzarlo vacío.


Sofía Bellini -- Tres poemas

(Trabajos del Taller de Poesía y Letrística 2020.)


Des-encuentros

Lo puedo ver desde la ventana:
deambula hace más de media hora
entre la puerta blanca y la esquina
mira el celular y luego clava
la mirada hacia la nada
una y otra vez.

Finalmente se sienta en el cordón.
Con sus dos manos
lo aprieta con fuerza, lo guarda
y entierra la cabeza entre sus piernas.

Lo pierdo de vista
y cuando vuelvo la mirada
se deshace
a paso lento
por la cuadra.
Pasa un colectivo interminable

Por la puerta blanca
sale una mujer
con la vista hacia ambos lados
su reloj en la mano
se sienta en el cordón.

Memorias

Me hablaste de perros
aullando, memorias pasadas
rastros de sangre
árboles que se entretejen:
cicatrices.

Saltos en el tiempo
lagunas mentales
hay cosas que
nuestra mente
prefiere olvidar.

Mejor dejarse
encandilar por el sol
mientras pega
una brisa fresca
que sostener una mirada
cuando nos espeja.

Las ropas apretaban
el torso hasta dejarlo
sin aliento y los pañuelos
ocultaban lo deseable
innombrable.

Parches sobre los labios
y una mirada
que se perdía para
no encontrarse.

¿Acaso te preguntaste
de dónde surge
lo prohibido?

Turrones azucarados
para no recordarnos
ni escuchar las tripas
que crujen
a gritos ¡memoria!

Plazas

A unas cuadras
se escucha: “Quedate
tranquilo en casa
lavate las manos
mantené una distancia
prudente”.

Ellos sólo levantan la mirada
al cielo ruegan que esta vez
no les pregunten qué
hacen en la plaza.

Seis ojos con las miradas
perdidas las narices frías
sin muecas de esperanzas,
sin alcohol en gel, sólo
un bolso con medias
y otro con carilinas.

A ellos, los aguarda un
barrio sin agua hace varios días
una madre adolorida
un padre ausente
y dos hermanas que les cruje
hasta el ombligo.

Cómo se encuentra espacio
para la prudencia
en lugares donde
sólo habita el olvido

donde la quietud,
significa rendirse
a un destino
desigualmente prefijado?

Por el costado
pasa un tapabocas magenta,
combinado con la soguita
de su perra
que huele a jazmines:
Quiere comprar unas medias
señora? escucha y ella,
toma distancia
y sin siquiera mirar,
responde, “Te agradezco”.

Nuevamente cae la tarde
los bolsos siguen llenos
y las manos vacías:
la plata apenas alcanza
para un vino de esos
que al menos
nublan por un rato
la memoria.

A una hora de distancia
en otra plaza del país
queman barbijos
como símbolo
de protesta: al virus
unos pocos, parece
que tienen tiempo
de ponerlo en duda.

Andrés Díaz -- Querido Diario:

 (Trabajo del Taller de Escritura para Adultos 2020. Género: cuento.) 

Querido Diario:

Desde la última vez que escribí tengo un par de cosas para contarte:

1) La AYAHUASCA es un verso para quitarte guita. Pagué re–caro un frasquito de morondanga y ni cosquillas me hizo. ¡Nada, absolutamente nada!

2) Tuve relaciones con un duende en la cima del Uritorco mientras un hada y un extraterrestre nos miraban.

Como te conté la vez anterior, que terminamos con Fernando Tangalanga –pariente lejano del Dr. Tangalanga, pero para mí siempre va a ser Fercho Tangalanga–. Me sentía muy mal así que me dije: "Sabrina, Sabrinita, es hora de cambiar de aire, de renovarte. Abrirme al universo y recibir cosas buenas". Ahí nomás hice las valijas y me fui a Córdoba con el primer lugar más barato y rápido que encontré: un centro de jubilados. Ellos muy amables y ellas me enseñaron 30 formas distintas de usar un papagayo. Llovió toda la semana y cansada de dormir la siesta todos los días, me escapé por mi cuenta. Entré a un pequeño local y ahí me estafaron con la maldita ayahuasca. Pero me cantaron la posta, con los días de lluvia y truenos como era ese día, se veían más O.V.N.I.s por la cima de la montaña. Diluí la sustancia con mi agua y empecé mi camino. En mi caminata, y nada de ir por el sendero turístico, todo por la naturaleza, comencé a vibrar con la montaña. Los dos éramos uno vibrando al unísono. Al llegar a la cima, ahí estaba él; chiquito y verde, recostado sobre una piedra. "No te asustes, vengo en son de paz", le dije con mi mejor Inglés haciendo la señal de paz que aprendí del Señor Spock. "Pasá, vení, no hay problema", me respondió con acento cordobés, cosa que me llamó mucho la atención. "Soy Luciano C. pero me podés llamar Lucho." Empezamos a hablar y ya en confianza terminé sentada sobre sus rodillas. Sin pensarlo dos veces, le pregunté si lo que dicen de los duendes es verdad, si es tan grande como dicen. Me dijo que sí y se ofreció a mostrármela si prometía no tocarla. Hice mi juramento de Niña-Scout levantando dos dedos y me tapé los ojos.  Escuché unos ruidos raros y al abrirlos mi mandíbula cayó al piso. Mi Moni Argento interior se apoderó de mí y mi promesa voló por los aires. Me abalancé como una loca desesperada sobre esa cosa enorme: una gigantesca olla de metal con monedas de oro brillando delante de mi cara. Cuando me regaló una, la pasión y la lujuria sacaron lo mejor de mí y terminamos yaciendo en el suelo húmedo de la montaña. Me sentí plena y completa sabiendo que era la primera mujer en tener relaciones con un duende Cordobés en la cima del Uritorco. Al terminar el show, un hada y un extraterrestre se acercaron y le dieron cada uno una moneda de oro y las gracias por dejarlos ver, como siempre. "¿Cómo te creés que las conseguimos a las monedas?", me explicó Luciano. Cansada, aturdida y humillada, regresé a mi hotel. ¡Qué ingenua! Pensé que era única y especial pero nada que ver. ¡Esa olla estaba llena de monedas! A pesar de todo, fue una experiencia única en mi vida. Y lo mejor de todo es que me traje dos recuerditos, una moneda de oro y el otro esperemos que se parezca más a mí que al padre.

Sabrina R.


Valentina Cantero -- Esa mañana

 (Trabajo del Taller de Escritura para Jóvenes 2020. Género: cuento.)


Todo ocurrió una noche de agosto. El 21, para ser exactos.

Esa mañana Eric se levantó. Aquel día era uno como cualquier otro. Apresuradamente bebió una taza de café que el mismo se preparó. Debía llegar temprano; trabajaba en la estación de policía numero 44 como detective. A las 19:30 salia del trabajo; le tomaba 30 minutos llegar a su casa.

Al llegar se sirvió un vaso de whisky con unos cubos de hielo, se sentó en el sillón de la sala, cerró los ojos y nunca los volvió a abrir.

 

19 de agosto 20:30pm

Eric estaba sentado en el sillón de la sala con un vaso de whisky mientras esperaba la cena. Luego de un rato su esposa llamó a la mesa. Sus brazos amorotonados le daban un aspecto lúgubre pero aún así su belleza resaltaba.

 

20 de agosto 20:15 pm

Un fuerte grito femenino se oyó en la cocina. Thomas rápidamente acudió al lugar. Su madre estaba tirada en el suelo; su mano izquierda tapaba su ojo derecho; su padre estaba enojado como muchas veces lo había visto.

No era la primera vez que golpeaba a su madre.

 

22 de agosto 10:00 am

Informe forense

Causa de muerte: envenenamiento.

Residuos de whisky en sangre.

 

21 de agosto 13:00 pm

–Cariño, pon esto en el freeze. Son especiales para papi –dijo, tendiéndole la cubetera llena de agua.

Thomas hizo lo que su madre dijo; luego fue a ver televisión.

Gloria esperaba impaciente a su hombre. La tortura constante acabaría. Un poco de whisky, unos cubos de hielo especiales y listo: ese imbécil no volvería a tocarla, ni a ella ni a su hijo.

 

 


Gloria Arrúa -- Dos poemas

(Trabajos del Taller de Poesía y Letrística 2020.)


Los naranjos
se posan sobre la riviera,
es época invernal.
La noche escapa de su centro.
Supera la redención de un espíritu.
Su fe de estrella ha caído,
se ha vaciado el sonido de su voz en el destierro.
Recrudece su color,
avanza su fe
en la cima de una armonía segura.
Vierte el sol su bendición,
en tanto el agua vierte su hermosura.

Llueve
de tal modo
llueve,
que me voy sintiendo
más madura.
En un éxito mortal,
cruza la aurora un ejercicio fugaz,
que aflora de una estrella verde entumecida.

He dejado atrás
la tibia pena de no verte.
Voy hociqueando
el vuelo de un pájaro de bruma.
Rezo tres aves Marías,
agazapo mi juventud,
me sumerjo
en la sed
de aquel que vigila,
la piel de la noche.
Todo lo que su desnudez
pregunta aún sin respuesta alguna.


30/11/2019

Abril Azar -- En blanco

(Trabajo del Taller de Escritura para Jóvenes 2019. Género: poesía.)

La luz de la ventana me vistió
con un abrigo de carne de luna.
Se me aclaró la frente de cara al papel
que enturbia la mesa,
Aquella que de tanta tinta derramada
no fue mojada por llovizna
ni cubierta en nieve deshecha.

En la esquina de mi perfil
sentí tiritar a los vidrios.
Vi a los postigos de hierro moverse
regados de luz clara
al ritmo ligero y vibrante del viento
que llegó al borde de mi mirada
conduciéndola agitada al filo del umbral.

Mi vista alcanzó lo que habita afuera.
Y entonces fui yo la que empezó a temblar.

14/11/2019

Nicolás Torandell -- Los diarios

(Trabajo del Taller de Escritura para Jóvenes 2019. Género: guión.)

Un demonio y un robot están saliendo de la escuela. Ambos llevan el mismo uniforme: una camisa roja, un pantalón gris, zapatos y una corbata, ambos negros. Los dos tienen mochilas: la del demonio negra con un símbolo rojo, y la del robot una caja rectangular metálica. El demonio también lleva algo debajo del brazo pero no se nota bien qué es.

ROBOT.-- Las lecciones de la ser viva a base de carbono denominada Susan, o mejor conocida como la profesora de historia, estuvieron muy completas al tiempo presente.

DEMONIO.-- (mira al robot) Sí, podría decirse, pero la verdad tuvo varios fallos históricos, yo con mi familia estuvimos allí en ese momento.

ROBOT.-- Pero recuerda que la masa gelatinosa de sus cabezas que ellos denominan cerebro tiene una capacidad limitada de información y además cuando descubren algo, si es histórico no tienen forma de comprobar si es cierto o no.

DEMONIO.-- Tienes razón, mañana le diré y tendremos una larga discusión, ¡eso como mínimo nos quita tiempo de clase! (El demonio va a chocarle los cinco al robot, pero en ese momento se le cae el objeto el cual es un diario negro con un pentagrama rojo.)

ROBOT.-- (extiende el brazo y toma el diario) ¿Qué es esto? (mira al demonio)

DEMONIO.-- Eso ya lo sabes… y ahora devuélvemelo. (Se adelanta y se le para adelante al robot.)

ROBOT.-- Sí, lo sé: una estructura geométrica con hojas compuestas de celulosa, una cubierta de cuero, plástico en modo de pintura y probablemente tinta, que normalmente las personas llaman libro, pero este se va más como un diario.

DEMONIO.-- ¡Baja la voz! Y sí, es eso… ahora dámelo.

ROBOT.-- Mi parte traviesa me dice que no, así que… (Abre el diario y rápidamente comienza a hojearlo, pero en un momento el demonio se lo quita bruscamente y se lo guarda en la mochila.)

DEMONIO.-- ¡Hey! ¡Eso es privado!, ahora borra esa información de tu software.

ROBOT.-- ¿Por qué? Mi programación dictamina una sentencia distinta y además que estés liberando exotoxina o como le llaman los humanos que estés enamorado de Arale, la chica cuyo cuerpo está formado por el H2O de cuarto grado, oh eso es divertido.

DEMONIO.-- (Se sonroja y le sale un fueguito azul en la cabeza) No tienes por qué saber eso…

ROBOT.-- ¿O por qué debería borrar que  te vuelves loco por Pix, aquella ser vivo a base de luz o que se conoce mejor como ángel, que es tu compañera?

DEMONIO.-- ¡Basta! Bórralo ahora.

ROBOT.-- Está bien… (Mira su brazo y extiende un panel empezando a tocar algunos botones) Listo.

DEMONIO.-- ¿Recuerdas algo del libro?

ROBOT.-- ¿El que escribiste en 1584 en París? ¿Sobre el amorío de dos personas? Mira, recién me entero de que tienes bonitos sentimientos.

DEMONIO.-- (pensando) ¿Cómo diablos leyó tan rápido? (Toma al robot y lo sube a un árbol.) Está bien, amigo, tú ganas. Te quedas con la información pero no le digas a nadie, ¿está bien?

ROBOT.-- ¿Tampoco a Mina? ¿La demonio a la que le dejas cartas en el banco durante el recreo sin que ella se entere?

DEMONIO.-- (se sonroja poniéndose azul, es decir, se azuloja) No… tampoco a ella

ROBOT.-- Mira tú, cinco años de amistad y tenías sentimientos, ¿qué dirá de mí ese diario?

DEMONIO.-- ¡Nada!

ROBOT.-- (irónico) Sí, te creo.

DEMONIO.-- Aún no te sale la ironía. Dame la mano.

ROBOT.-- (Le entrega la mano y el demonio la toca creándole un pentagrama.) ¿Y esta figura geométrica?

DEMONIO.-- Si le cuentas a alguien, le diré a toda la escuela que Z.H.Y. te trae loco.

ROBOT.-- ¿Cómo retienes esa información en tu cabeza?

DEMONIO.-- No eres el único rápido aquí. (Saca de su mochila el diario del robot, que es todo gris metálico. Al robot le agarra un cortocircuito y un momento después mira al demonio.)

AMBOS.-- Prometemos como amigos no contarle a nadie sobre este asunto. (Bajan del árbol y prosiguen su camino hacia la parada del autobús.)

Telón

Bianca Bisceglia -- Nirvana: la puerta del ángel

(Trabajo del Taller de Escritura para Jóvenes 2019. Género: poesía.)

Se acercaba a donde estaba el ángel reposando
lo único que se le pasaba por la cabeza era poder florecer
se asombraba de la belleza de aquella musa que la logró cautivar con sólo su aparecer
quería hablar con ella, necesitaba saber a dónde había parado.
  
Aquel ángel la vio pasar
"Estás en un lugar seguro" decía
pero eso no lograba que se sintiera tranquila
aquel ángel se le acercó como si tuviera algo que apañar.
  
"No tengas miedo, no vas a volver a sentir el sufrimiento"
el calor de sus manos parecía el de las de una madre cuidando a su primogénito
como las flores que descansaban en el pasto, la mujer comenzó a derramar sus sentimientos
las derramaba de forma cristalina, agua pura, y parecía que se las llevaba el viento.

Aquel ángel abrazó a la muchacha al punto de que ella sólo quería dormir.
Y ya era la hora de partir.
Ya era la hora de que el ángel lleve a la gente hacia donde tienen que ir,
y que aquellas flores se despegaran del sufrir.

13/11/2019

Micaela Márquez -- Kpop: el fenómeno musical que hace furor en La Plata

(Trabajo del Taller de Escritura para Jóvenes 2019. Género: crónica periodística. Publicado en el portal en 40 líneas.)

Las bandas de pop coreano vienen arrasando en los rankings mundiales. En nuestra ciudad, los jóvenes fans se dan cita para ver a sus bandas favoritas en video. Micaela Márquez se mete en ese mundo ruidoso y multicolor y nos cuenta cómo es.


18 de agosto. Son cerca de las 13, pero el pequeño tinglado del centro cultural Juana Azurduy, ubicado en calle 63 entre 20 y 21, está bastante oscuro: apagaron las luces y taparon con una tela las ventanas. Es para que se puedan ver los videos. Los videos son el centro de la fiesta. No están aquí las bandas, pero igual niños, adolescentes y adultos vienen a verlas en versión bidimensional. Bienvenidos al kpop, el fenómeno musical que viene arrasando en La Plata como en todo el resto del mundo.

Kpop significa korean pop (pop coreano) y está bien que la denominación sea amplia porque incluye todo un espectro de estilos diferentes. Consiste en una fusión de pop, hip hop, electrónica, rock, rap y varios otros estilos. Las letras están en coreano y tienen partes en inglés; tocan diferentes temáticas y tienen sus propias coreografías. Entre las bandas más populares algunas se identifican por unas parcas siglas (EXO, BTS, NCT, GOT7, TXT) y otras, breves nombres en inglés (Monsta X, Big Bang, Mamamoo, Stray Kids, Twice, Red Velvet).

Los videos se proyectan en la pared del fondo. Contra las paredes de los costados hay algunas mesas pequeñas con posters, accesorios, fotos y demás mercancía de los grupos de kpop más populares. Hay unas cien personas en el lugar: la mayoría adolescentes, de 15 años para arriba, pero cada tanto se ven niños y preadolescentes acompañados de sus padres. Pocos padres disfrutan de la música; la mayoría tienen expresiones aburridas y cansadas. La música está tan fuerte que apenas se puede hablar, aunque eso mucho no importa: los fans del kpop cantan a todo pulmón, e incluso algunos bailan las coreografías en un rincón.


Decido acercarme a uno de los padres que está más cerca de la puerta, donde podrá escucharme mejor. Es Roberto, de 45 años. Dice: “Vine a acompañar a mis dos hijas porque es la primera vez que vienen y no sabía cómo era este ambiente”. Le pregunto qué opina sobre el gusto de sus hijas por esta música. Contesta: “Prefiero que le guste esto al reggaetón de ahora, que es demasiado explícito y subido de tono para dos nenas de 10 y 12 años. Por lo menos, si esto es explícito, no ese entiende (a menos que busques la traducción). Lo que no me gusta es que gasten sus ahorros en posters y fotos inútiles, pero bueno, es su plata.”

Me acerco a una señora que lleva puesto un buzo de Monsta X, uno de los grupos más famosos del momento. María, de 42 años, comparte el gusto por el kpop con su hija Paula. “Ella lo empezó a escuchar hace dos años y de tanto poner las canciones en casa y de ver sus videos, me terminé copando y ahora la acompaño a todos los eventos”.

¿Qué fue lo que la cautivó?, le pregunto. “Muchas de las letras de las canciones no son sólo de amor hacia una pareja o de desamor. Hablan también de amor propio y de problemas sociales que ni sólo existen en Corea, sino que fácilmente se pueden encontrar en cualquier país. Realmente dejan un buen mensaje y hacen un llamado a la conciencia”, responde. Su hija también aporta su opinión a la conversación: “Las coreografías son geniales. Muchas parecen fáciles pero son complicadas. Además, los miembros de los grupos no se quedan sólo con cantar y bailar. Muchos también actúan, componen o tocan diferentes instrumentos.”

A los 20 minutos de llegar al lugar presencio una de las actividades más esperadas del evento: el concurso de fandancers. Es una competencia de baile en donde los participantes, ya sean solistas, dúos o grupos, preparan una coreografía de una canción a elección y la presentan ante el público y un jurado, conformado por varios fandancers con más experiencia, contratados por los organizadores del evento. Al empezar la competencia, todas las personas dispersas en el tinglado se amontonan buscando un lugar desde el cual se pueda ver a los concursantes. El volumen de los gritos del público varía dependiendo de la canción elegida por los participantes y de qué tan bien interpreten la coreografía.


El concurso termina alrededor de las 15. Me acerco a los integrantes de Cold Mirror, uno de los grupos que se presentaron. “Normalmente, aprendernos las coreografías nos toma alrededor de un mes o dos, dependiendo de qué tan difíciles sean o de si les agregamos algo más”, explican. “Las elegimos por votación y en general las aprendemos entre todos, aunque a veces alguno de nosotros las enseña.”

Luego de la competencia de fandancers se reanudan las proyecciones en la pantalla, y con ellas, los gritos; la gente se dispersa para seguir comprando. Me acerco a uno de los puestos donde se venden posters, fotos y postales. Lo atiende Celeste, de 28 años. “La mayoría compra los posters, que valen 100 pesos, pero algunos también compran las fotos, que salen 40, o dos por 60”, detalla Celeste. “Las postales están a 20 o dos por 30 y también se venden bien. Hace ya dos años que voy a los eventos a vender pero es la primera vez que vengo acá porque es la primera vez que se hace. En los eventos de Capital se vende más, pero también hay muchos más stands, así que es un arma de doble filo.”


A las 16 hay otra competencia de fandancers. En ésta me toca competir a mí. La experiencia es única en cada presentación; la energía que transmite el público te anima a dar lo mejor sobre el escenario y la adrenalina es inmensa, siempre hay mucha expectativa y muchos nervios. ¿Va a salir bien la coreografía? ¿Va a gustar? Y luego morderse las uñas esperando los resultados del concurso. Pero a pesar de los constantes nervios, disfruto plenamente la experiencia porque estoy haciendo una de las cosas que más amo: bailar. Otra vez los gritos del público vivando a los participantes. Al final los propios integrantes del jurado hacen una presentación para cerrar el concurso y después se van a deliberar. Tienen que elegir ganadores en distintas categorías: solistas/dúos y grupos. Mientras debaten se proyectan más videos en la pantalla para hacer tiempo.

Sobre las 17, el jurado anuncia a los ganadores. Además se sortea un regalo sorpresa. Ya se está haciendo tarde para mí, así que decido volver a mi casa; los organizadores ahora están explicando un juego, también con premios. Salgo del tinglado y veo que ya está oscureciendo. Hace mucho frío y la parada del colectivo está a varias cuadras. El día fue largo; espero poder llegar pronto a mi casa.

Lourdes Ruidíaz -- El lado B del Amazonas

(Trabajo del Taller de Escritura para Jóvenes 2019. Género: columna periodística.)


El incendio del Amazonas desenmascaró a la sociedad actual. La misma, tendrá que hacerse cargo del legado para generaciones futuras, las que se encontrarán en peligro de extinción.

Como ya se sabe, el Amazonas, ubicado en Brasil, perdió casi tres mil kilómetros cuadrados de arbóreo en la primera mitad del año, debido a un enorme incendio; esto es un treinta y nueve por ciento más en comparación con el año pasado.  Es un hecho que se han perdido diversas especies y que si se pierde demasiada selva, terminará convirtiéndose en una sabana que generará una reducción en la capacidad pulmonar, ya que el “Pulmón del Mundo”, como se lo suele llamar, libera oxígeno y almacena dióxido de carbono.

El mundo se desgarra por la pérdida de árboles, especies animales  y el cuidado del medio ambiente, pero, ¿cuán legitima es esa preocupación? ¿Es real interés por la conservación de plantas y animales? ¿Se preocuparon realmente antes de esto, por lo aborígenes autóctonos que allí viven, en condiciones paupérrimas? Mucha gente, ha manifestado su desacuerdo comparando esto con el incendio de Notre Dame, edificio histórico y emblemático del culto católico; otros tomaron el tema, para manifestar sus diferencias políticas con el gobierno del presidente Bolsonaro. ¿Es la primera vez que se incendia la Amazonia? La respuesta es no. Los incendios son poco comunes, siendo la mayoría iniciados por granjeros que preparan tierras de labranza para los cultivos y pastura del año próximo.

Estos incendios, no son causados por un cambio climático, sin embargo, esto podría empeorar la condición, haciendo arder el fuego a una temperatura mayor y extendiéndose más rápido junto a condiciones de sequía y calor. En realidad, los que hemos causado este incendio somos nosotros, los humanos, los mismos que expresamos nuestro pensamiento del tema.

La pregunta que de ahora en más debemos hacernos es, ¿qué vamos a hacer por nuestro planeta y las especies que allí viven? ¿Vamos a seguir tomando estos temas, para seguir criticando económica, religiosa y políticamente lo que ocurre? ¿Las sociedades están realmente preparadas para dar lugar a aquellos aborígenes en peligro?

La oportunidad es ahora y está en cada uno de nosotros aprovecharla.

Giuliana Rojas -- Mi presente

(Trabajo del taller de Escritura para Jóvenes 2019. Género: cuento.)


Era la mañana de un martes. Como desde hace meses, Marta nos vino a despertar a las siete, pero para ese momento yo ya estaba sentada mirando la ventana. Sabía que hoy iba a empezar a tener sesiones con un nuevo psicólogo, no sentía nada al respecto.

Pasando las diez, me vinieron a buscar. Caminé hasta un salón que suponía, tendría unos cincuenta años. Con ventanas grandes y techos altos, lo cual no me representaba una dificultad ya que hablaba bastante alto. Me sorprendió no haber notado al anciano, 1,70 de alto, traje, corbata y el poco pelo que tenía era completamente gris.

–Hola, usted debe ser Alicia  –dijo. Asentí con la cabeza. Me recosté en el sillón, ya sabía de qué se trataba.

–Contame Alicia, ¿cómo te sentís? –dijo en un tono desesperantemente tranquilo. Contesté lo siguiente:

–No es el primer psicólogo que conozco, asique le voy a ahorrar su discurso. Me llamo Alicia, tengo 19 años. A los 18 me internaron en esta cárcel, sólo por exageración de mis padres. Fiestas, noche, amigos, sexo y algunas sustancias. ¿Qué le ve de raro a eso en la juventud de hoy en día? ¡Pavadas! Me gustaba salir, me hacía olvidar, era mi parte favorita. Hasta que un día mis padres encontraron esa bendita bolsa, y ahora estoy acá.

–Pero usted remarca esto de "cárcel" como si estuviera presa. Y antes, ¿no estaba presa?

–¡No! ¡Claro que no! Antes era libre. Podía escapar de esta realidad, tal vez no de la mejor manera, pero era mi manera. Los riesgos se corren siempre, podés salir bien o te puede pasar como, como me pasó esa noche.

Fue la última, supongo. No recuerdo mucho de eso, sólo salí a beber. Una vez más, mis amigos habían conseguido nuevas drogas y después de la fuerte discusión que había tenido con mamá necesitaba escapar. Luego de ingerir la pastilla, empecé a ver todo borroso, se sentía bien pero me estaba empezando a sentir un tanto más alterada de lo normal. Decidí mejor ir al baño, y ese trayecto es lo último que recuerdo.

Desperté en una cama, de un departamento que parecía lujoso. Me dolía completamente todo el cuerpo y pensé: "Habrá sido una buena noche". Pero ese pensamiento salió de mi cabeza cuando fui al baño y me vi en el espejo. Estaba completamente llena de moretones y lastimaduras. Fue horrible, no sabía lo que había pasado. 

Sólo pude tirarme en el piso y llorar. No se cuánto tiempo pasé así, todos mis recuerdos vinieron a mi mente. La inocencia, las acogedoras caricias de un lecho familiar, yacían en las lastimaduras de mi piel desnuda, que se enfriaba en el piso del baño de un desconocido.

Cuando terminé de llorar, mire la mesa de luz. Habían $500 y una nota que decía: "La pasamos muy bien, esto te lo ganaste. La puerta se traba sola". Sólo me vestí y salí.

Cuando llegué a mi casa, el drama fue mucho peor que lo normal. Intenté esconder los hematomas pero me resultó imposible. Asique para evitar los gritos de mis padres decidí encerrarme en mi habitación. Me llevé una gran sorpresa al ver mis cosas en maletas, resulta que mis padres habían descubierto la droga que tenía escondida en mi habitación y decidieron enviarme acá. 

Lo primero que hice fue intentar correr, pero ya estaba el equipo para traerme.

–Y acá ¿cómo te sentís?

–Bien, supongo. Tengo comida, techo, una cama. Sólo que me siento como si no fuera nada. Simplemente, es como si no viviera. No me encuentro en el lugar, en las personas, no me encuentro ni en mis propios pensamientos. Es como si no fuera nada, nada más que lo que soy ahora, no puedo ser más que esto. Tengo demasiada experiencia para mi edad. Como un viejo trapo que ya cumplió su función. Asique sólo soy mi presente, lo demás no me importa.

02/07/2017

Teresa Orbegoso - Textos leídos en el ciclo "Nuevas voces en la escritura" 2017

Teresa Orbegoso (Lima, 1976). Licenciada en Periodismo, investigadora social y gestora cultural. Ha publicado los libros de poesía: Yana wayra (Ed. Urbano marginal, Lima, 2011); Mestiza (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012); La mujer de la bestia (Ed. Trópico Sur, Maldonado, 2014); Yuyachkani junto a la artista plástico Zenaida Cajahuaringa (Ed. La purita carne, Lima, 2015) y Perú (Ed. Buenos Aires Poetry, Argentina, 2016). Participa en la antología sobre la vigencia del poema en prosa en Sudamérica: Del caos a la intensidad (Hijos de la lluvia, Juliaca, 2017). Ha compuesto la música para el libro La casa sin sombra de Claudio Archubi. (UNTREF Cohorte 2014).


Después de una guerra a nadie obliguemos a amar. 

Amar, esa palabra resuena vacía, flota en el aire como si  tú no la conocieras, sin poder entrar en ti. Como si no la hubieras pronunciado nunca. Y otra aparece y se repite. Un intento para que tu tierra esconda y niegue. Polvo sin oxígeno. Fuente de su poder tu herida, la herida de la hija. Fuente de su miseria tu sonrisa, la sonrisa de la hija. 
 



¡Oh, inocente Resígaro! ¿Quién soy yo? Soy acaso la sombra de Caral que ha venido a abrazarte. O quizá sea la   fría alma de Arana que ha venido a pedirte perdón desde el Putumayo. Sé que mis manos son de polvo y mi vientre está seco como los huesos de mis antepasados. Sé que hubo un cronista que nos mintió sobre nosotros. Sé que criollos, sacerdotes, virreyes y presidentes orinaron sobre lo que fuimos. Sé que una llamada República nos consumió hasta  el punto del olvido. Pero ahora estoy aquí atravesada por todas mis generaciones conquistadas y conquistadoras; es- clavas, serviles y libres; heroicas y sabias; ancladas a la tierra, el mar y el fuego junto a todas sus sangres. Estoy aquí para recordar la patria invisible de la infancia. Estoy aquí para saber finalmente quiénes somos. ¿Qué ha quedado  de nosotros en medio de toda la niebla de Lima? No saber cómo te llamas, ni lo que fuiste, ni lo que hiciste. Andar perdido como un cuerpo que sólo sabe surgir y que nada aprende. Han sido los ecos de la ruina mi despertar. Sea mi destino coser los pedazos descoloridos de nuestra bandera. Darle materia y forma. No desaparecer. 




Bajo qué huaca oculta, este país. En qué color de piel, su marcha hacia ninguna parte. Qué aguas flamenco y zorro beben del mismo pozo. Sobre el río viaja el indio en su canoa. Árbol de la quina, tus hojas cubren nuestra falta. Pronuncia nuestro nombre. Birú Perú. No lo reconocemos. Cuánta nada hemos construido. Cuántos huaycos de palabras, como niños aprendiendo a escribir. 




Perú no: tus culturas te caminan: llegan juntas, serenas, in- soladas y temblorosas, vienen tenebrosas tus culturas. Tus culturas quebradas, como el carozo carcomido y amargo, como un cielo enterrado en la semilla del maíz, sin verbo, sin rastros europeos, sin compasión: leves, líquidas, embotelladas, sangradas culturas. Culturas neblina. Culturas guano. Casi culturas.