El
incendio del Amazonas desenmascaró a la sociedad actual. La misma, tendrá que
hacerse cargo del legado para generaciones futuras, las que se encontrarán en
peligro de extinción.
Como ya se sabe, el Amazonas, ubicado en Brasil,
perdió casi tres mil kilómetros cuadrados de arbóreo en la primera mitad del
año, debido a un enorme incendio; esto es un treinta y nueve por ciento más en
comparación con el año pasado. Es un
hecho que se han perdido diversas especies y que si se pierde demasiada selva,
terminará convirtiéndose en una sabana que generará una reducción en la
capacidad pulmonar, ya que el “Pulmón del Mundo”, como se lo suele llamar,
libera oxígeno y almacena dióxido de carbono.
El mundo se desgarra por la pérdida de árboles,
especies animales y el cuidado del medio
ambiente, pero, ¿cuán legitima es esa preocupación? ¿Es real interés por la
conservación de plantas y animales? ¿Se preocuparon realmente antes de esto,
por lo aborígenes autóctonos que allí viven, en condiciones paupérrimas? Mucha
gente, ha manifestado su desacuerdo comparando esto con el incendio de Notre
Dame, edificio histórico y emblemático del culto católico; otros tomaron el
tema, para manifestar sus diferencias políticas con el gobierno del presidente
Bolsonaro. ¿Es la primera vez que se incendia la Amazonia? La respuesta es no.
Los incendios son poco comunes, siendo la mayoría iniciados por granjeros que
preparan tierras de labranza para los cultivos y pastura del año próximo.
Estos incendios, no son causados por un cambio
climático, sin embargo, esto podría empeorar la condición, haciendo arder el
fuego a una temperatura mayor y extendiéndose más rápido junto a condiciones de
sequía y calor. En realidad, los que hemos causado este incendio somos
nosotros, los humanos, los mismos que expresamos nuestro pensamiento del tema.
La pregunta que de ahora en más debemos hacernos es,
¿qué vamos a hacer por nuestro planeta y las especies que allí viven? ¿Vamos a
seguir tomando estos temas, para seguir criticando económica, religiosa y
políticamente lo que ocurre? ¿Las sociedades están realmente preparadas para
dar lugar a aquellos aborígenes en peligro?
La oportunidad es ahora y está en cada uno de nosotros
aprovecharla.
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