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24/10/2020

Inés Sello -- Sobre el Taller de Literatura Fantástica

(Trabajo del Taller de Literatura Fantástica 2020.) 


Interesante acercamiento e introducción a la literatura fantástica. Hacemos un recorrido desde los mágicos cuentos de hadas y las sagas de la Europa nórdica hasta los increíbles mundos de Tolkien y Lovecraft. Monstruos y dragones, ciudades creadas, héroes audaces y justos van habitando las lecturas.

A pesar del tiempo acotado por los cuarenta minutos del Zoom semanal, me he podido asomar a estas visiones de otros mundos, con sus cosmologías paganas y fatídicas, con sus ciclos cósmicos; otros mundos, lejanos a las estructuras heredadas de nuestro Occidente. El mundo parece ya más heterogéneo, más abierto, más generoso. ¡Gracias, Sebastián, por tu entusiasmo y paciencia!


Laura Prezioso -- El hada fucsia

(Trabajo del Taller de Literatura Fantástica 2020.) 


El Rey había sido criado para gobernar con equidad su reino. Pero, al haber sido coronado a tan corta edad, no estaba enterado de las desigualdades de lo que pasaba en las ciudades y en el campo. Las ciudades incipientes se poblaban de vagabundos; el crecimiento anárquico de la pequeña ciudad gótica la había colmado de olores y gentes en estados nauseabundos. Morían en las calles  de pestes que, decían, los atormentarían aún después de muertos.  Sin embargo, el pequeño Rey vivía protegido de los pesares y penurias de la colmena humana que recorría las calles y el campo en busca de los despojos de lo que se consumía en palacio. 

En un lugar muy remoto una niña llamada Margaret, de apenas 15 años, cuidaba a su padre viudo, apesadumbrado por la falta de su amada mujer. Margaret solía imaginar un mundo distinto. Soñaba con un príncipe de ojos azules y buenos modales que cambiaría su vida. Fregaba, cocinaba y lavaba la ropa y las noches mágicas de sus sueños eran el bálsamo que le permitía seguir en su miserable vida. 

Una noche de desconsuelo y duermevela un hada etérea, ingrávida como una luciérnaga, iluminó su cuarto. Llevaba un vestido fucsia con luces y una pequeña varita mágica en su mano derecha. La niña secó sus lágrimas y una sonrisa iluminó su rostro nacarado. El hada fucsia escribió en el aire nuboso de su cuarto el número 3. Y en su interior Margaret oyó una voz que le decía: “te concederé tres deseos”. La niña pidió primero bienestar para su familia, segundo felicidad y prosperidad para su modesto barrio de tugurios y gente inválida y pobre. Pero el tercer deseo fue el que más ilusión le produjo. Enseguida se olvidó de sus otros deseos y sólo imaginó que conocería al Rey. Entonces el hada, con un movimiento de su vara, la vistió con ropas nuevas, llenas de brillos y colores. Acto seguido, la transportó a una fiesta que daba el Rey a un grupo selecto de invitados. 

Junto con su tercer deseo, Margaret recibió el don de la educación,  la finura y el recato. No tardó el Rey, de la misma edad, en posar los ojos en la bella doncella desconocida. Bailaron y hablaron hasta el amanecer. El rey le contó de sus afanes y del orgullo de reinar sobre gentes tan dispares. Se encendió hablándole de sus ideales de equidad y bien común. Margaret le relató los sufrimientos y hambruna entre los que se debatía su pueblo. La niña debía volver a cumplir su misión, ya que era la mayor de una familia de campesinos desclasados. Por eso, la joven expresó al Rey su tristeza porque ya no podrían volver  a verse. 

El rey insistió en buscarla y recorrer el reino. Ante tal insistencia, Margaret le dio su dirección por entre las estrechas callejuelas circulares del desconocido villorio inglés. Hacia el mediodía, con el fondo de trompetas y campanas, el rey se apersonó en la dirección que Margaret le diera. Una niña desaliñada y llorosa a quien no reconoció lo atendió en la puerta. El rey preguntó si vivía allí una joven con la que había departido en palacio. Margaret le contó que había sido ella y el rey no le creyó. Se marchó afrentado y con pena. 

Esa noche el hada fucsia se presentó a palacio. El rey, que no podía dormir, se sobresaltó ante la belleza mínima del hada fucsia que reverberaba y aleteaba ante sus ojos. Sintió una voz interior que le decía: “¿Qué es aquello que te desvela, mi rey?” Y en su mente se reprodujo la imagen bella y mesurada de Margaret. “Es la niña que visitaste ayer por la tarde”, insistió el hada fucsia. El rey no alcanzaba a comprender. “Debes comprender que tu reino está formado por gente pobre y sin destino. Debes abrir los ojos y procurar que toda tu riqueza se esparza con equidad entre las gentes de tu burgo”. “¿Pero… y esa doncella?, ¿la que me visitó en palacio?” oyó en su interior. “Es Margaret, la hija de un campesino pobre y viudo. Ella ha desechado dos de los tres deseos ofrecidos; sólo quiso conocerte. Si realmente te interesaras en ella llegarías a la verdad”. 

Finalmente, el rey formuló su deseo: “Quiero ser uno más de los pobres de mi reino. Quiero presentarme ante la familia de esa joven y ofrecer mi ayuda. Quiero conocer la vida de las familias de mi reino al lado de tan bella y sensata mujer”. Por la mañana, un joven de ojos azules y capa raída golpeó en la puerta de la pobre casa de Margaret. La niña no lo reconoció y el joven ofreció trabajar en su granja. “¡No puedo pagaros!” sentenció la joven. El oculto rey dijo: “No vengo por la paga; con un plato caliente estará bien”. Fue así que el joven William y Margaret  comenzaron a pasar días y noches juntos. Ambos callaban su secreto. La niña soñaba con el rey y el rey soñaba con cambiar las cosas y desposar a la bella Margaret. En palacio, alarmados, los criados anunciaban la fuga o rapto del rey. 

Y llegó el día en que ambos pedirían lo mismo al hada fucsia. Ese día se fundirían sus anhelos más profundos. La niña, apesadumbrada, lloraba por la desaparición del rey y el rey creía que ya había sido suficiente anonimato. El hada fucsia, con su varita mágica, citó a ambos en el mismo lugar, los hizo tomar de la mano y les contó la historia. Con un ademán fugaz el niño pobre se convirtió en el rey ataviado para una ceremonia y la bella Margaret se convirtió en la doncella de ensueños de esa noche de verano en palacio. Juntos de la mano recorrieron las calles del reino y en el palacio se anunció la boda. 

Fueron felices por siempre y todas las tierras del rey fueron pródigas en frutos y mercancías que colmaron de prosperidad a todos los hogares. El hada fucsia siempre sobrevoló el reino aunque nadie recordaba haberla visto. Margaret y William la recordaron hasta que todo se fue evanesciendo con el tiempo. No así el amor de los Reyes más bellos y justos que reinaron con amor y mesura en esa tierra, venturosa desde ese día.


María Clara Herrero Ducloux -- Sobre el taller de Literatura Fantástica

(Trabajo del Taller de Literatura Fantástica 2020.) 


No soy una persona amante de la tecnología, y la verdad es que empecé el Taller de Literatura Fantástica sin demasiada expectativa, bastante escéptica ante el hecho de que iba a ser dictado a través de una pantalla.

Sin embargo, desde los primeros encuentros nuestro profe Sebastián se encargó de hacernos sentir un ambiente cálido y súper entretenido, sin perder de vista la parte académica que fuera el motivo de que yo me hubiera incripto.

Las pantallas desaparecieron, y volví a mi infancia con “La Cenicienta” y otros cuentos de hadas que algunas compañeras escribieron a partir de las pautas del profe.

Conocimos el Poema de Gilgamesh, anterior a la Biblia y con tantas similitudes, y peleamos con los dragones de Beowulf. Nos adentramos en el mundo de Tolkien, y logramos aprehender parte de su esencia y entender su mundo a través de fragmentos cuidadosamente escogidos y explicados con pasión.

Ahora estamos sumergidos en el terror de Lovecraft y de Poe, y luego nos esperan obras muy cercanas en tiempo y en lugar, como las de Cortázar, y otras en las cuales seguramente vamos a vislumbrar un futuro incierto, como las de Bradbury.

Gracias, profe, por tu entusiasmo y tu conocimiento, pero sobre todo por tu calidez. Me siento muy afortunada de haber vencido mis prejuicios, y así poder encontrar un grupo al que me encanta pertenecer.

Silvia Riganti -- Sobre el Poema de Gilgamesh

(Trabajo del Taller de Literatura Fantástica 2020.)

Sin autor, relacionado con un pueblo, en un escenario y en un tiempo que no están determinados o en un pasado remoto o puede que no, con paralelos bíblicos y/o con la mitología griega, con algún personaje histórico pero con hechos que no existieron. En este marco encontré la lectura de Gilgamesh, soberano de la ciudad sumeria de Uruk y un héroe de la mitología mesopotámica. Tal vez escrito en el 2700 A. C. en tabletas de arcilla. Hay muchas versiones de este relato, historia más antigua que se conoce. Y entonces se lee “… Cuando  Gigalmesh oyó este relato se dio cuenta enseguida de que su búsqueda había sido en vano pues era evidente de que el anciano no tenía fórmula alguna que darle. Se había vuelto inmortal, como acababa de revelarlo por gracia especial de los dioses, y no como Gigalmesh había imaginado por algún conocimiento oculto… lo que buscaba nunca lo encontraría, al menos de este lado de la tumba”.

El taller propone un recorrido muy interesante para pensar la literatura fantástica a través de textos como el mencionado (entre muchos otros) y entre monstruos, dioses, magia, reyes, héroes se descubren o redescubren  lecturas que nos conducen a planteos como el temor al encuentro de la finitud, la gloria, la trascendencia, la inmortalidad, temáticas que se enmarcan en preguntas filosóficas.