27/11/2016

Sinopsis Argumental

Victoria Witemburg - Taller de guión cinematográfico



Un joven Manuel Belgrano es asediado por una fiebre que lo deja postrado en una cama. Es atendido por una joven enfermera que trata de bajar y aliviar su fiebre poniéndole unos trapos húmedos sobre su frente. El joven Manuel Belgrano es agobiado por pensamientos que no puede sacar de su cabeza y que en su estado se potencian aún más. El coronel balbucea unas frases que parecieran no tener sentido, habla de un pequeño sonido de un tamborcito que dejo de sonar, que se paró, de la risa de un niño que ya no ríe. La enfermera no deja de pasar los trapos húmedos sobre su cabeza. Pedro Ríos, un niño de doce años está tirado en el piso, su cuerpito tendido boca arriba con sus brazos estirados a los costados del mismo. Sus ojos están abiertos, no se logra saber si esos ojos ven el resplandor que producen las bombas en el cielo o si ha muerto. Corre el año 1978 en Yaguareté Cora, el lugar es una pequeña Capilla de pueblo. El lugar está completamente desierto salvo por la presencia de un joven hombre vestido con ropa militar. Apoyado sobre sus rodillas rezando vehementemente ante la imagen de San Francisco de Asís. En la puerta de entrada un hombre observa atentamente al joven coronel. Un grupo de soldados están desparramados en la plaza del pueblo descansando, entre ellos se encuentra Manuel Belgrano y Celestino Vidal. Unas mujeres se acercan a los soldados con canastas repletas de comida. Por la misma plaza pasa caminando el niño Pedro Ríos. Manuel Belgrano escucha el canto de unos niños y camina hacia la escuela que es de donde provienen las voces del coro infantil y al llegar al lugar los niños perfectamente alineados siguen el lineamiento de su maestro que no es otro que Antonio Ríos el padre del pequeño Pedro Ríos y el mismo que observaba respetuosamente a Manuel Belgrano en la capilla rezando. Cuando terminan de cantar Antonio Ríos toma del brazo a su hijo Pedro y acercándose a Manuel Belgrano le da su consentimiento, rogándole que acepte a su hijo porque él es ya un hombre de avanzada edad y su hijo es la única ofrenda que puede hacer a la patria a lo que Belgrano atónito sin responderle se retira del lugar. La salud del coronel Celestino Vidal empeora. Su diabetes compromete seriamente su visión y su médico le advierte a Belgrano que no es conveniente que participe en las próximas batallas. Celestino Vidal le confiesa que el padre de aquel niño fue a verlo. Y entusiasmado por como toca el tambor el niño le pide a Belgrano que piense en la posibilidad de que Pedro anime a la tropa con el tambor y le sirva de lazarillo por el tema de su visión. Cuando todos los soldados alineados esperan la orden de su superior aparece Pedro Ríos por entre las filas de los uniformados con un radiante uniforme militar que el propio Belgrano le entrego y la aceptación finalmente de este último para incorporarlo en las filas. Ya en el campo de batalla Celestino Vidal retrocede con todo su destacamento. Ya al encuentro de Vidal con todos los soldados diseminados al mando de Belgrano con cientos de soldados a pie y a caballo avanzan hacia las filas enemigas paraguayas. Pedro Ríos avanza impasible y comienza a redoblar con los palillos el parche de su tambor acompañado de cientos de soldados que pasan a su alrededor a pie y otros a todo galope impulsados bajo las ordenes de Belgrano y como una tromba siempre hacia adelante. Celestino Vidal camina unos pasos más atrás que el niño, escuchando siempre el sonido de su tambor. Las bombas resuenan por todos lados y el polvo levantado dificulta la visión, pero Celestino es guiado siempre por el sonido del tambor que el pequeño niño toca con todas sus fuerzas. Los hombres siguen cayendo a su alrededor productos le la balacera. Dos disparos suenan, viéndose la sangre en el pecho del niño que es alcanzado finalmente por las balas. Celestino Vidal levanta la vista y ve al niño caer muerto sobre el piso y corre a su lado levantándolo y llorando desconsoladamente. En la plaza Máximo Paz una maestra con su uniforme blanco parada frente a la estatua de El tambor de Tacuarí lee una carta escrita del puño y letra de Celestino Vidal. Murió de dos disparos dice la carta…estoy seguro de que la muerte de aquel niño héroe fue mi salvación, porque al detenerme, no caí como cayeron todos los del ala donde estábamos nosotros concluye la carta. Los alumnos distraídos con sus celulares no oyeron las conmovedoras palabras que aquel Celestino Vidal conmovido hasta las lágrimas nos deja entrever que en aquella jornada hasta los ciegos y los niños fueron héroes.  

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