Valentina Nuño – Taller de escritura para jóvenes
A veces me quejo, pero los que de verdad lo pasan
mal son los que están encerrados detrás de esta puerta. Yo antes los conocía,
hasta con algunos éramos amigos; después nos separamos… por mí está bien
¿sabés?, los extraño un poco, pero sé que están vacíos, no tienen nada ahí
adentro, hasta a veces me dan lástima. Lo que no entiendo es cómo no se
aburren, todos los días lo mismo, la misma rutina, yo me hartaría... por algo
será que están de ese lado y no de éste.
Acá puedo hablar con cualquiera, aunque algunos me
caen mejor que otros; pasan rostros que directamente no me hablan, ojos que se
me quedan mirando, siluetas que había olvidado y reaparecen, otras que no
quería volver a ver. He visto a bastantes personas con caras borrosas, como si
se estuvieran esfumando; ellos también me dan pena, porque si no los vuelvo a
ver, significa que dejaron de existir; si no existen para mí, no existen para
nadie más. También me visitan familiares y amigos, pero como eran antes de
pasarse al otro lado. Hay tanta gente… ¿los de atrás de la puerta no se
cansarán de ver siempre las mismas caras?
Cuando estuve de ese lado no pude comprender cómo
los demás encontrarían la felicidad, si es que realmente lo harían… algunos
estaban, o pretendían estar, muy contentos. Para mí no es posible ser feliz en
ese entorno, teniendo esa vida.
En cambio, con mi espalda apoyada sobre esta
puerta, no podría estar más contenta. Mi mundo, todo lo que quiero, todo lo que
necesito está acá, adentro de estas cuatro paredes blancas que contienen mi
vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario