27/11/2016

Cadena de locos

Juliana Castellana – Taller de escritura para jóvenes


Raúl Sánchez era un tipo flaco, alto y daba la impresión de –por su ropa y peinado- que era un empresario de aquellos ricos y respetados, pero sin embargo, algo no cuadraba en su imagen. Ese traje lucía viejo y deteriorado, y el pelo no era más que un par de peinadas hacia atrás y listo. Él era un vagabundo que seguía vivo en parte, gracias a la considerada gente que le decía buenos días (aunque no estuvieran muy seguros de lo que el recibía) le daban de desayunar, y algún que otro abrigo. Tantos años en la calle; sin embargo él, seguía. Con algún percance de locura, como aquella vez, que un auto se le acercó a preguntarle la calle en que estaban, y este respondió, alterado, que se retirara. Pero él, seguía. Sus caminatas lo mantenían activo, y la gente a salvo.
  En uno de aquellos “percances”, Raúl Sánchez ha sido enviado al manicomio equivocadamente; cuando no tenían que agarrarlo a él, sino al tipo que había salido corriendo, dejándolo en completa escena del crimen y con sus manos ensangrentadas.
  En aquella habitación oscura, se sentía muy solo; nada que ver a la comodidad de la calle y su gente. Allí había mucha compañía, aquí no. De vez en cuando salía, pero volvían a meterlo a los pocos minutos.

  Deseó con todas sus fuerzas volver a ser libre. Pero eso no bastaba. Decidió entonces, intentarlo. Intentar salir. Pero no le ha funcionado, y por más que siguiera insistiendo, seguían agarrándolo bruscamente, y con asco, tirarlo dentro de su pieza. Él pensó: “me volveré loco aquí dentro, como a mí me han vuelto loco sin que esa fuera la intención, aquí yo volveré loco a otra persona, sin que esa tampoco fuera mi intención”.

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