Juliana Castellana – Taller de escritura para
jóvenes
Raúl Sánchez era un tipo flaco, alto y daba
la impresión de –por su ropa y peinado- que era un empresario de aquellos ricos
y respetados, pero sin embargo, algo no cuadraba en su imagen. Ese traje lucía
viejo y deteriorado, y el pelo no era más que un par de peinadas hacia atrás y
listo. Él era un vagabundo que seguía vivo en parte, gracias a la considerada
gente que le decía buenos días (aunque no estuvieran muy seguros de lo que el
recibía) le daban de desayunar, y algún que otro abrigo. Tantos años en la
calle; sin embargo él, seguía. Con algún percance de locura, como aquella vez,
que un auto se le acercó a preguntarle la calle en que estaban, y este
respondió, alterado, que se retirara. Pero él, seguía. Sus caminatas lo
mantenían activo, y la gente a salvo.
En uno de aquellos “percances”, Raúl Sánchez
ha sido enviado al manicomio equivocadamente; cuando no tenían que agarrarlo a
él, sino al tipo que había salido corriendo, dejándolo en completa escena del
crimen y con sus manos ensangrentadas.
En aquella habitación oscura, se sentía muy
solo; nada que ver a la comodidad de la calle y su gente. Allí había mucha
compañía, aquí no. De vez en cuando salía, pero volvían a meterlo a los pocos
minutos.
Deseó con todas sus fuerzas volver a ser
libre. Pero eso no bastaba. Decidió entonces, intentarlo. Intentar salir. Pero
no le ha funcionado, y por más que siguiera insistiendo, seguían agarrándolo
bruscamente, y con asco, tirarlo dentro de su pieza. Él pensó: “me volveré loco
aquí dentro, como a mí me han vuelto loco sin que esa fuera la intención, aquí
yo volveré loco a otra persona, sin que esa tampoco fuera mi intención”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario