Julieta Pujol – Taller de
escritura
Inmerso
en el infinito interminable,
un
colchón de hierbas empieza a ser cielo,
destellos
de colores resaltan sobre el verde:
rojo,
amarillo, azul.
Un
lago, donde habita mi reflejo
y
el de las aves que vuelan a lo alto,
tajando
el cielo con su canto mañanero.
Una
luz blanca que me ciega, y se mete
por
mis ojos, mis orejas, mi nariz, mi boca,
llenándome
por completo.
En
el centro, el rey se yergue ante sus súbditos,
imponente,
impenetrable, impecable,
firmemente
con sus garras se sujeta al suelo,
para
que nada ni nadie pueda nunca derrocarlo.
Su
cabello verde baila en el viento,
haciéndole
cosquillas a las nubes;
y
su robusto cuerpo, fuerte e inquebrantable,
es
la envidia de todos los arbustos de alrededor.
Nos
mira a todos desde arriba,
ignorante
ante el respeto que inspira,
como
si supiera que el mundo le pertenece.
La
vida gira en torno
suyo
el trono irrompible,
inmortal,
inmutable.
Nosotros
insignificantes
la
vida se nos esconde
en
un fugaz suspiro.
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