Por Susana Beatríz Rodríguez / Taller de narrativa
Un
amanecer soleado, si amanece; las expectativas crecen porque en un lugar de la
ciudad los ruidos repercuten como comunicando que los deseos de los habitantes
necesitan expresarse, vivenciarse, resolverse. Sí, resolverse con la magia de
los sueños y así vivir una vida que prometa cambios, innovaciones y progreso…
El
cielo se torna celeste y algunas flores perfuman las plazas que se llenan de
volantes, entre los juegos de los más pequeños; tiñen de color el pasto verde
que comienza a cubrir la tierra en esta tardía primavera. Caminando por las
veredas me despiertan curiosidad; pero, antes de detenerme para recoger uno, me
dispongo a elaborar un pensamiento que en mi ser interior es un pensamiento muy
fuerte, con una percepción de que sucedan nuevos proyectos de realización: el
cambio es importante para los habitantes.
Transcurren
las horas y se escuchan tambores, bocinas, cánticos y estruendos que empañan
este día que habíamos comenzado a vivenciar…y las protestas callejeras invaden
la Ciudad y los niños continúan sus juegos acompañados de sus mamás hasta caer
la tardecita de cálida primavera.
Y
el día transcurre y nuestras energías tienen que estar con mucha luz para que
los ruidos no habituales de este día nos permitan cumplir nuestras tareas con
esa carga que es poco habitual en nuestro estado de ánimo. Sí poco habitual,
pero sabemos que en nuestro país se aproxima una fecha muy importante que son
las elecciones de nuestro Sistema de Gobierno; claro, ahora, con estos ruidos,
tal vez haya reclamos y, así, comienzo a repensar todo lo que viene durante los
próximos días. Serán más agitados porque mucha gente necesita expresar cuáles
son sus aspiraciones para vivir en un mundo de paz y comprensión. Y para el
resto de la gente resulta una pesadilla, quizás, porque hay que convivir con
ruidos, muchas veces durante interminables horas. Las jornadas que se avecinan
serán diferentes y más complejas. Mientras reflexiono, la tardía primavera
continúa con el colorido del verde y el azul de las flores de los Jacarandás,
bellos diseños que se estampan a lo largo de las diagonales en mi Ciudad, donde
intento aprender cada día, sin dejar de disfrutar de la naturaleza, y poder
compartir la diversidad con otros seres humanos que habitan este mundo.
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