21/12/2015

El experimento (Cuento ganador de la etapa municipal de los JuegosBA 2015)

Por Nicolás Ricciardi


Desde chico me gustaron las cosas que vuelan, el espacio, etc.
Ahora voy a despegar una nave espacial.
Estoy nervioso, muy nervioso.
Escucho los números de despegue como en una película:
—5—4—3—2—1—¡Despegue!
—Se me aplasta… el cuerpo… como si un elefante… estuviera arriba mío… siento que mi cabeza… va a reventar… —digo eso y pierdo el conocimiento.
AÑOS DESPUÉS:
—Modo hibernación desactivado.
—Modo hibernación desactivado.
—Modo hibernación desactivado.
—Modo hibernación desactivado.
—Modo hibernación desactivado.
—Modo hibernación desactivado.
—Modo hibernación desactivado –escucho que la máquina dice eso y me despieto.
—Modo hibernación desactivado –la odio, no se calla nunca.
—Modo hibernación desactivado –vuelve a decir.
—Modo hibernación desactivado –lo repite.
—Modo hibern…
—¡¡¡YA ENTENDÍ, ya estoy despierto!!! –digo eso porque estoy harto.
Nos aproximamos a Yaka, Señor.
—Ok. Mostrar velocidad.
Velocidad: 1.000.000 km. Por segundo –la nave espacial que tengo, es una hipernave.
—Bien, ahora bajar velocidad a 10.000 km. Por minuto, después cuando estemos a 100.000 km. Del planeta, avísame y bajá velocidad a 1.000 km. Por hora.
Procesando… procesado. Es hora de cenar, en la Tierra ya son las 10 hs. PM.
—Y en Yaka, ¿qué hora es?
—Son las 5 hs. AM, Señor.
—Bueno, mejor ceno ahora, en vez de esperar al desayuno. Prepara la cena mientras voy al baño.
Cuando salgo del baño la máquina me dice que la cena está lista, y cuando ya casi termino de cenar, me avisa de que ya estamos a 100.000 km. De Yaka y que va a bajar la velocidad. Le digo que bueno y termino de cenar rápidamente.
Estamos a 10.000 km. de Yaka.
—Ok, me voy a dormir un rato, decime cuando estemos a 100 km. –le digo.
Me voy a acostar. Después de 2 hs. me despierta y dice que ya estamos a 100 km. de Yaka.
Le digo que gire la nave para aterrizar.
Tres minutos después aterrizamos sin ningún problema. Cuando bajo de la nave espacial me encuentro con que el planeta está desierto, no hay ni un alma, ninguna planta, ni forma de vida.
Camino sin entender nada, las fotos que me habían mostrado en la Tierra no eran así, y ahora pienso que estamos en un planeta equivocado, que la máquina se equivocó de rumbo.
Enojado, corro a los mandos, y empiezo a manejar la nave manualmente, le digo a la máquina lo que pienso que pasó, y la máquina me dice que no, que fue a las coordenadas que le ordenaron.
—Entonces, contactá a la tierra –le digo.
Contactando… contactando… contactando… Perdón, pero se cortó la señal.
—¡Contáctalos de nuevo!
Contactando… Contactando… Contactando… Haciendo contacto.
—Pasame el micrófono, prendé los parlantes y la cámara de video.
Procesando… Procesando… Procesando… Procesado, aquí tiene, Señor.
Me pasa el micrófono y prende la cámara de video. En la cámara no se ve nada y le pregunto qué pasa que no se ve en la pantalla a las personas de la Tierra.
Señor, nos cortaron. Siento en el escáner que algo se aproxima. Son 2 cosas… no, son 8… Se aproxiaman a 1.000.000 km. por segundo.

Ahora confío más en la máquina que en los humanos, porque sé lo que son esas cosas y que voy a morir, pero una pizca de esperanza me hace correr hacia los mandos, despegar la nave y decirle a la máquina que ponga los motores a la máxima potencia.
Pero, los motores se fundirán, no puedo hacer eso, Señor, se quedará en la nada para siempre…
—¡¡Hacelo ahora!!
La máquina lo hace. De pronto, me pego al piso con una fuerza, que me hace acordar a mi primer despegue, solo que en vez de un elefante son como cien elefantes, entonces me desmayo.
Ahora me estoy despertando y tengo frío pero escucho que la máquina me dice algo… y lo repite… y lo repite pero ahora no estoy enojado con ella.
Estoy intentando escuchar lo que me dice pero no puedo, supongo que mi falta de escucha es por el despegue y será temporal.
Aunque no pueda escucharlo parecería que me está intentando decir algo importante, algo que yo tendría que escuchar…
Hago el mayor esfuerzo para escuchar lo que intenta decirme, pero  no lo logro.
Ahora me doy cuenta de que tengo los ojos cerrados, si no escucho por lo menos quiero ver qué pasa. Abro los ojos y lo único que veo es oscuridad, fuerzo la vista para intentar ver algo. Lo único que logro ver son unos puntitos azules o blancos, ahora que lo noto, veo que están por todas partes.
No entiendo nada. Logro, por lo menos, suponer que estoy vivo y que hay oxígeno, porque puedo respirar y ver, pero no escuchar ni moverme.
De pronto todo se vuelve luz. Escucho como una puerta que se abre y pasos. Estoy muy asustado y empiezo a gritar, sigo sin entender nada.
Ahora no sé qué hacer. Mientras escucho que los pasos se acercan, lo único que pienso es en gritar y en sacudirme porque estoy enredado en cables y tirado en el piso. Me levanto con el mayor esfuerzo posible.
Cuando logro pararme hay muchas personas viniendo hacia mí aplaudiéndome y felicitándome, me ayudan a caminar por el pasillo hacia el lugar en donde ellos estaban y dicen que descanse porque mañana me van a explicar todo.
—Ya son las 5 hs. PM, Señor, se debería levantar y comer algo –me dicen y me mueven.
—Hoy es el día en que le explicaremos todo –entonces, al escuchar eso me levanto.
Lo primero que me dicen es que era un experimento y que salió exitosamente. Ese experimento era para reales futuros viajes. Necesitaban saber qué tipo de personas, de qué edades, con qué cualidades y con qué estado físico serían las candidatas que pudieran afrontar esos futuros viajes. Ya habían probado con otras personas, pero el mejor resultado fue el mío.
—Pero la pregunta ahora es, ¿usted quiere ser el primero en viajar en la realidad, al espacio exterior?

Le contesto que sí y no veo la hora en que comience a entrenar nuevamente.
¡Por fin voy a cumplir mi gran sueño!

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