Sólo uno
Un solo plato en la mesa
una copa un cubierto
sólo
una silla
separada
del resto.
Hasta
a oscuras se podría
deambular
por la casa:
cada objeto en su lugar.
Nadie
cambia nada.
La soledad no viene sola.
anda
acompañada
de
memoria y desilusión
y
de pequeños trozos
de
felicidad perfecta.
Siento
que mi soledad
se
instala y se agiganta.
Yo
no encuentro en esta vida
de
andar de a uno para todo:
un
boleto un asiento una entrada
una
sola bocanada de aire puro
para
contener las lágrimas
de
un presente absurdo.
Vociferan
que es lo mejor
para
encontrarse con uno mismo
conocerse
y aceptarse
quién
dijo que para eso
es
necesario inmolarse?,
terminar
hablando solo
en
voz alta y contestarse,
esperar
que el sonido
del
teléfono nos rescate;
es
bueno de vez en vez
la
soledad para animarse
acallar
el pensamiento
y
que el corazón hable,
pero
eso no significa
vivir
siempre en el abismo
que
es estar solo
en
el sentido no literal,
rodeado
de afectos genuinos;
padres,
hermanos, amigos,
hijos
que son un tesoro
pero
solos en el proyecto trunco
de
andar de a dos el camino
de
sentir el abrazo,
de
vibrar al unísono.
Borges
decía,
tu
ausencia me rodea
como
cuerda a la garganta.
Las
sábanas frías
se
duermen resignadas
esperando
tu venida.
¿Quién da
más?
Lo
eterno y lo efímero
en
un duelo implacable:
fragmentos
de almas y cuerpos
en
la memoria
irremplazables
se perdieron.
Dulces
y profundos sentimientos,
se
marearon
en
la premura de lo urgente,
del
sustento. De la vida, la entrega
y
el esfuerzo quedan huellas
en
algunos muebles
y
trastos negros.
Y
ahí está la muchedumbre
atenta,
vacilante, ansiosa,
testigo
de cómo el vil dinero
compra
dos vidas preciosas.
Se
las lleva el mejor postor
sin
dudas, sin condolencias.
No
importan de los dueños
sus
vivencias, el yugo,
el
desarraigo, la incertidumbre
y
satisfacción postergadas.
Una
a una, se van las monedas
ganadas
con mucho esfuerzo
para
que no falte el pan y los dulces
en
las mañanas: honestidad
y
educación, las vidas blancas
permanecerán
en mí siempre
como
ofrenda en sus consejos.
Y
ahora sólo quedan
los
recuerdos de madrugada
de
mis padres: nadie podrá
comprar
la luz
de sus
miradas.
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