21/12/2015

Taller de lectura 2015 - Melina Bianconi

El taller de lectura ha sido, en lo personal, un camino de reencuentro con la literatura, un deseo que estaba adormecido, guardado, latente, en espera. Este deseado reencuentro no sólo fue cubierto sino que fue ampliamente superado.
Comenzamos conociendo visiones sobre Argentina desde diferentes autores, como Gombrowicz, Gelman, Tizón, Saer y la poesía de Borges. A través de ellos veíamos cómo nos veían desde afuera, cómo nos veíamos desde adentro.
El increíble atardecer descrito por Saer en Las nubes, es un hermoso relato que nos trasladó a la llanura pampeana: estábamos ahí, viendo la caída del sol, el pasto cintilar y la diversidad de colores sobre la laguna y la línea roja del horizonte. Ese texto breve nos llevó a conocer otro texto exquisito, con una puntuación muy particular, plagado de comas: La Mayor. Para mí fue un hallazgo la explicación del autor sobre esa forma de escribir: “las comas contribuyen a crear, modificar, modular el ritmo y la música de las frases (…) Son una respiración interna”. Saer nos mostró una forma para nada convencional de trasmitir sensaciones en un texto.
Después vinieron algunos poemas de Borges. Siempre había tenido la duda de si llegaría a comprenderlo, y ahora que creo que sí, porque lo trabajamos en grupo, contextualizamos, examinamos desde distintos lugares, en diferentes momentos de su obra. Puedo decir que en realidad no es lo que más me conmueve, pero digo esto con la certeza de haberlo pensado.
Descubrir la fantasía épica, de la mano de la mendocina Liliana Bodoc, fue uno de los mayores placeres. Con Los días del Venado me conmoví. Un relato en lenguas humanas, delicioso, fascinante, distinto, desconocido para mí hasta ese momento, y que después de leerlo me convirtió en una admiradora más del género. Saliéndome del programa del taller, busqué la saga completa; devoré Los días de la Sombra y Los días del Fuego, para concluir esta trilogía sobre la lucha del bien contra el mal, del conflicto entre las lejanas Tierras Antiguas y las  Tierras Fértiles. Del amor y la ternura contra el odio eterno.
Nos sumergimos en la literatura japonesa, china y coreana. Los encuentros se convirtieron también en clases de historia, geografía, teología, turismo. Buscamos mapas, viajamos por “Oriente”, incluso nos sentimos arriba de un barco recorriendo islas. Comparamos formas de escribir, las analizamos desde diferentes enfoques. Vimos que los contextos históricos pueden condicionarnos al escribir y a su vez, cómo al momento de expresar sentimientos podemos ser tan semejantes. Que la angustia, la soledad, los miedos, las alegrías son inherentes al ser humano más allá de las fronteras geográficas y culturales. Sin embargo la impronta de la historia de cada país estará presente. Nos sentimos tan distintos, a la vez tan iguales.

Ya sobre el final, con “La muerte de Ivan Ilich”, un cuento de Tolstoi, encontramos a un gran representante de la literatura rusa que parece adelantarse al psicoanálisis en su exploración de la muerte, los miedos y los costados más oscuros del ser humano.

Como afirma Saer en Cicatrices: “La literatura da forma, a través del lenguaje, a momentos particulares de la conciencia”. Y eso fue lo que nos permitió unir a Saer con Tolstoi. Eso fue nuestro taller: un gran viaje, un recorrido por distintas culturas, autores, historias; el descubrimiento de mundos, personajes, visiones. Pero, por sobre todas las cosas, fue un espacio de comunicación y aprendizaje. 

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