personas, cosas
cruzan por calles
repletas de imágenes
que no tienen voces,
sin embargo mudas
hablan deslumbrantes
hacia nosotros
el sol se colaba entre las pajas.
sentada al borde del catre
lo miraba descansar,
era el único momento
en que el herrero parecía débil.
como decirle que sentía miedo
de perder la paz que vivíamos
cuando el rumbo era ése:
cuidar la buena memoria de los días
aquel atardecer llegó rojo.
abrió el viento puertas
ventanas, y cuervos y lechuzas
tomaron nuestra casa, mientras
volaban cortinas de felicidad,
puntillas adornaban tu cuerpo,
papá sin sentido
el rancho estaba sucio, anciano
y triste pero aún persiste
su naturaleza. dulce glicina
de lilas su cuerpo envuelve
sostenido en el calor del adobe
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