El reloj es un invento que deslumbra, que atrae, que
mata. Un reloj es un pedazo de la noche, del día, una porción de aire. Es algo
que limita, que no te deja fluir, que te encadena. En ese pequeño círculo, en
esa circunferencia, en esas agujas se esconden los segundos que pasan y que son
consumidos de tu vida, los números que cuentan el tiempo, que te impiden
alejarte de la realidad.
Completamente atado al tic tac, al “¿Qué hora es? ¿Cuánto falta?” de las personas, a su precio, a la constancia del paso del tiempo; nos mantiene alertas, ya que sabemos que cada segundo que pasa no vale oro, sino que vale vida (lo vale todo) y que tenemos que continuar intentando disfrutar cada minuto, mientras nuestra muñeca está siendo atada a un elemento que cuenta el tiempo que nos queda, mientras nuestra casa está siendo invadida por ellos. La gente espera que termine el día de estudio, de trabajo, que llegue la hora de poder jubilarse, que termine una simple hora de clases, mirando todo el tiempo su reloj, cuando en realidad no saben que la vida es básicamente eso, y esperar a que termine ese lapso de tiempo hace que esta se pase volando y no podamos agarrarla entre las manos ni sentirla o gozarla por lo rápido que vuela, que pasa sin darnos cuenta, que mal gastamos, que no llegamos a vivir.
Es algo totalmente irónico: que un reloj sea vendido, sea codiciado por la sociedad cuando en realidad es como vender un arma, que no puede servir para otra cosa que limitar la vida de alguien. Te están vendiendo tu propia vida en único objeto que no hace más que recordarte que el tiempo pasa y que no hay vuelta atrás. Te están haciendo visible, lo que tendría que ser invisible: el tiempo.
Completamente atado al tic tac, al “¿Qué hora es? ¿Cuánto falta?” de las personas, a su precio, a la constancia del paso del tiempo; nos mantiene alertas, ya que sabemos que cada segundo que pasa no vale oro, sino que vale vida (lo vale todo) y que tenemos que continuar intentando disfrutar cada minuto, mientras nuestra muñeca está siendo atada a un elemento que cuenta el tiempo que nos queda, mientras nuestra casa está siendo invadida por ellos. La gente espera que termine el día de estudio, de trabajo, que llegue la hora de poder jubilarse, que termine una simple hora de clases, mirando todo el tiempo su reloj, cuando en realidad no saben que la vida es básicamente eso, y esperar a que termine ese lapso de tiempo hace que esta se pase volando y no podamos agarrarla entre las manos ni sentirla o gozarla por lo rápido que vuela, que pasa sin darnos cuenta, que mal gastamos, que no llegamos a vivir.
Es algo totalmente irónico: que un reloj sea vendido, sea codiciado por la sociedad cuando en realidad es como vender un arma, que no puede servir para otra cosa que limitar la vida de alguien. Te están vendiendo tu propia vida en único objeto que no hace más que recordarte que el tiempo pasa y que no hay vuelta atrás. Te están haciendo visible, lo que tendría que ser invisible: el tiempo.
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