Por Nancy Alvarado
Deslumbrabas con tu belleza.
Dichosa, orgullosa de tus almas
que unidos y armoniosos eran
sin duda, todas como hermanas.
Incitabas a capullos de amor.
Niños esgrimiendo corrían
y ellas jugaban a ser princesas.
Los padres sin prisa, sin cuidado.
Hoy, una calle menguante
angosta, muda y desolada
ánimas desnudas deambulan
buscando calor entre tus paredes
frías, escamosas y agrietadas.
Los versos bellos viraron;
inertes pétalos con espinas
seducen a la pluma de tus poetas.
Calle relevante, y mortecina.
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