Yanina Audisio. Es licenciada en Psicología y
magíster en Salud Pública. Escribe poesía y narrativa. Se ha desempeñado como
correctora de textos literarios, científicos y de divulgación. Realiza
traducciones de poesía en lengua inglesa. Coordina el grupo «Las Puntas del Clavo», organizando presentaciones de
textos literarios con formato escénico. Co-condujo el programa radial literario
Minas terrestres. Es responsable del
blog sobre difusión literaria Inventar un pájaro, donde publica textos
difíciles de conseguir y traducciones en español de poemas en inglés. Ha
publicado los poemarios La noche en los
perros, La boca y su testigo
(Primer premio 7mo Concurso de Cuento y Poesía «Adolfo Bioy Casares», Municipalidad de Las Flores) y Piedras, papeles, tijeras.
Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF.
LA MAR ESTABA SERENA
La cima del mundo será este fuego (donde vuelvo a encontrar tus manos). Los
ojos que pusiste en la noche (silencio y arrullo). Los ojos que pusiste en la
puerta que distanciaba tu cama de mi cama (la casa es grande y es tu otro
cuerpo). La cima del mundo será esta explosión donde podré dejarlos ciegos (la
luz mi ofrenda, el calor mi sacrificio). Llego aquí para estallar y ser algo
grande finalmente (otra partícula del infinito). Todo incendio, todo cielo
ensangrentado, como tu vientre para dormirme (arrullo y arrullo).
Ya vendrá otra mañana como aquella en que me separaste de tu pecho y me
elevaste ante tu mirada (luz negra, calor blanco) recién nacido y desnudo.
Muerta inmensa omnipresente, recibe lo que seré, otra partícula. La que
recogerás sin paciencia (vuelvo a tus manos), la que bastará para que hagas lo
que sabías hacerme, de nuevo (silencio y silencio).
CASITA ROBADA
Habrás nacido en una tarde amarilla, un rato antes de que un rayo partiera
en dos a un ternero o, mejor, a una perdiz. Seguro había sol y habría tormenta.
Una más de los que serían diez hermanos. Diez maneras de hacer con un padre
déspota y una madre forzada. Pensar que si la tragedia menor importara a los
astros, el día que la vendieron, tu madre tendría que haber podido escapar,
amparada por un gran diluvio. El día que la compraron como esposa se inició el
infortunio, que sería tuyo y continuaría en mí. Una larga sucesión de
gestaciones contrarias al amor. Qué puede el dominio sobre el agua mansa.
El cariño de la madre de tu madre no pudo salvar a ésta de ser tu madre, no
pudo salvarte de ser la mía. Qué puede poner la luz sobre el campo listo para
quemarse.
Cualquier hombre es más fuerte, eso aparecía flotando en la merienda,
empantanado en el puré de garbanzos. En la belleza particular que llevabas
puesta, en las horas interminables cuando nadie detuvo las manos del amigo de
la familia. Y mi cuerpo. Qué puede la flor dentro del vaso en las fauces del
hogar sobre la mesa.
Todas tuvimos la intención de resistir. Y fue fallida. Todas con el mejor
vestido y la mancha de tinta. Esa heredada imposibilidad de frenar el daño.
Aunque en algo triunfó la madre de tu madre. De algún modo se cobró el golpe de
tu padre sobre su rostro. Porque pudiste agitar en tu sangre a esa abuela, y
quitarle al hombre la potestad. A tu progenitor la de elegirte el marido. A tu
marido la de ejercer su paternidad. Siempre seré tuya. Qué puede el barrilete
sin el pesado hilo.
Me soñaste para continuar la estirpe que te había repudiado. Quizás por eso
me reconocías tal como me negabas. La primera vez que me negaste acababa de
salir de tu útero. La sangre todavía estaba fresca. La enfermera terminaba el
turno y no querías tenerme en tus brazos. Nací oscura como mi padre. Yo no
podía ser. Qué puede engendrar la huida, después del encierro.
Qué puede el deseo arrinconado, más que la equivocación.
Qué puede mi lastimadura ante tu pequeña conquista.
Qué puede inaugurar el paso sobre el borde.
Qué puede otra tarde amarilla y otra tarde amarilla.
Qué puede la linterna en la noche blanca.
DIOS
OTRA VEZ
Hace
tiempo un pianista encontraba la forma de contar este día
no
sé cómo lo hizo pero
esos
golpes de niños lastimados en fuga
aquellos
silencios puestos a rodar por escalera
reiteraciones
de monstruo que no muestra el rostro
las
duras ramas de los árboles sacudidas
y
la soga también
Entre
sus dedos y la larga cabellera del piano
logró
tender la soga que se tensa hoy
cosas
indefinidas crepitan sobre el techo
solo
oídas por la misma inquietud que instaura al pianista
como
a un dios obsceno
aquel
que recobra la creación en el temblor de la criatura
en
el momento exacto en que su condición divina se revela
Hace
tiempo un pianista reconocía en el aire la explosión y la pausa
solo
oídas por esta inquietud arrinconada contra su digitación
como
ante un amante soberbio
aquel
que da en su cuerpo la llave y la cadena
No
sé cómo lo hace pero triunfal y rapaz
sabía
dónde dolería este sol apagado
puso
las ratas suficientes y el sueño tardío de los vecinos
igualó
la siesta calle a calle
contra
la gran pared de este día
amarillo
sucio sobre amarillo encendido
La
inquietud se arrodilla ante él
y
el pianista lo hace
de
a poquito
tal
como corresponde al día de hoy
descarga
las piedras sobre las que caminaré
tacha
las voces a punto de decir un nombre
de
a poquito como si no lo hiciera
pero
lo hace
Traza
la precisa sombra del cielo de hoy sobre los párpados
aquella
destemplanza apenas insinuada en el despertar
en
su distante interpretación ya preparada
correspondiendo
al día de hoy
el
pianista hace de dios
y la disonancia es total como en una despedida.
VIAJE
El
viaje revuelve también los huesos
¿gesto
adivinatorio de un astro mayor?
Nada
acaba de ser ajeno
pero
en el cuerpo hay otra sombra
¿será
alguno el lugar que nos concierne?
Aparece
la luz a la boca
¿lo
que la boca no puede?
El
viaje ofrece un mundo esquivo al ojo
lo
que el ojo quisiera llevarse
¿esto
lo hicieron otros hombres para quién?
El
viaje toca como el agua
pero
en la carne hay otro viento
¿gesto
condenatorio de un astro menor?
El
sabor siempre evoca
¿lo
que la memoria va a perder?
Todo
instante hace de pez
capturado
por la cola.
El
ojo irrumpe en el cuarto
volcando
sobre el parquet
las
telarañas del sueño
el
piso detiene la caída
que
los pies no sostienen
y
esa caída no incluye al cuerpo
pero
lo acusa
hay
entonces un hombre
hay
agua que corre
hay
luces prendidas
no
hay viento
un
beso nace para morir
sobre
la mejilla
de
la que todavía duerme
como
un estandarte
una
marca
el
anillo entra en el dedo de él
como
si ella estuviera
vigil
y alerta
donde
ella no lo sueña
y
está dormida
el
ojo acierta con la cerradura
la
calle acierta con el hombre
la
calle devora al cuerpo
pero
no lo acusa.
¿Cómo habrá sido el camino
entre un campo y otro campo?
¿O se trataba de un campo largo, ancho,
apenas dividido por un trazado fino de
alambre?
Eran dos campos porque eran dos familias
que después serían tres más.
Mi abuelo y su hermano y su hermana
Mi abuela y su hermana y su hermano.
¿Es el amor una cuestión de roce, de vista, de
oído?
Lo próximo o lo único. Llegarían las voces
de una familia al aire del campo de la otra.
Algún perfume escapando debajo de la camisa,
entre los pliegues del vestido. Alguna forma
cabalgando a la hora en que ya casi no queda
luz
y la sombra recién despierta no ha acabado de
comérselo todo.
Dos familias bajo el sol todos los días. El
pueblo
dista quince kilómetros y un paseo
entre la polvareda. ¿Una de las madres ya
murió?
¿La otra descuida la ausencia de la hija? ¿Un
hermano
elige mirar a la vecina que su hermano no
prefiere?
¿Serán uno o dos campos ahora? ¿Es el amor el
viento
que agita, la res atascada, la caída del sol
sobre esa línea fría?
El amor es lo que pasó en el reino del
alambre.
En
estas piedras crece el cactus
en
el cactus varios de ellos grabaron
sus
iniciales próximas
pedacitos
de sonido para meterse dentro
varios
de ellos se amaron de repente
una
vez más o la última
como
la piedra es dura aunque porosa
el
acto del amor tuvo traducción
en
el cuerpo carnoso aunque difícil
del
cactus
Seiscientos
millones de años antes
una
fractura entre continentes no había ocurrido
América
y África eran una
aún
el cuarzo y la magnetita
los
fenómenos erosivos
los
cardos de espina
los
portugueses ávidos
las
ballenas arponeadas
los
turistas buscando un paisaje
cada
elemento punzante a mano
no
se habían conjugado
en
los pedacitos de sonido mudos
sobre
la piel llagada del vegetal
Organismos
multicelulares complejos
debieron
ir desde la esponja
por
una cadena de ojos y extremidades inciertos
hacia
las funciones diferenciadas
capaces
de creer que ante el mar
con
el estandarte pequeño de una letra con otra letra
todo
el esfuerzo de la naturaleza bastaría
para
detener la grandeza dudosa de su amor
en
el cuerpo de la separación ¿en la piedra? por violencia
(geológica)
en
el cuerpo de la amputación ¿en el agua? por violencia
(predatoria)
en
el cuerpo de la herida ¿en el verde? por violencia
(tierna)
La
lengua de las ballenas ya no es un manjar para nobles
la
espina del cactus no detiene el mal de amor.
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