02/07/2017

Yanina Audisio - Textos leídos en el ciclo "Nuevas voces en la escritura" 2017

Yanina Audisio. Es licenciada en Psicología y magíster en Salud Pública. Escribe poesía y narrativa. Se ha desempeñado como correctora de textos literarios, científicos y de divulgación. Realiza traducciones de poesía en lengua inglesa. Coordina el grupo «Las Puntas del Clavo», organizando presentaciones de textos literarios con formato escénico. Co-condujo el programa radial literario Minas terrestres. Es responsable del blog sobre difusión literaria Inventar un pájaro, donde publica textos difíciles de conseguir y traducciones en español de poemas en inglés. Ha publicado los poemarios La noche en los perros, La boca y su testigo (Primer premio 7mo Concurso de Cuento y Poesía «Adolfo Bioy Casares», Municipalidad de Las Flores) y Piedras, papeles, tijeras.  Actualmente cursa la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF.


LA MAR ESTABA SERENA

La cima del mundo será este fuego (donde vuelvo a encontrar tus manos). Los ojos que pusiste en la noche (silencio y arrullo). Los ojos que pusiste en la puerta que distanciaba tu cama de mi cama (la casa es grande y es tu otro cuerpo). La cima del mundo será esta explosión donde podré dejarlos ciegos (la luz mi ofrenda, el calor mi sacrificio). Llego aquí para estallar y ser algo grande finalmente (otra partícula del infinito). Todo incendio, todo cielo ensangrentado, como tu vientre para dormirme (arrullo y arrullo).
Ya vendrá otra mañana como aquella en que me separaste de tu pecho y me elevaste ante tu mirada (luz negra, calor blanco) recién nacido y desnudo. Muerta inmensa omnipresente, recibe lo que seré, otra partícula. La que recogerás sin paciencia (vuelvo a tus manos), la que bastará para que hagas lo que sabías hacerme, de nuevo (silencio y silencio).


CASITA ROBADA

Habrás nacido en una tarde amarilla, un rato antes de que un rayo partiera en dos a un ternero o, mejor, a una perdiz. Seguro había sol y habría tormenta.
Una más de los que serían diez hermanos. Diez maneras de hacer con un padre déspota y una madre forzada. Pensar que si la tragedia menor importara a los astros, el día que la vendieron, tu madre tendría que haber podido escapar, amparada por un gran diluvio. El día que la compraron como esposa se inició el infortunio, que sería tuyo y continuaría en mí. Una larga sucesión de gestaciones contrarias al amor. Qué puede el dominio sobre el agua mansa.
El cariño de la madre de tu madre no pudo salvar a ésta de ser tu madre, no pudo salvarte de ser la mía. Qué puede poner la luz sobre el campo listo para quemarse.
Cualquier hombre es más fuerte, eso aparecía flotando en la merienda, empantanado en el puré de garbanzos. En la belleza particular que llevabas puesta, en las horas interminables cuando nadie detuvo las manos del amigo de la familia. Y mi cuerpo. Qué puede la flor dentro del vaso en las fauces del hogar sobre la mesa.
Todas tuvimos la intención de resistir. Y fue fallida. Todas con el mejor vestido y la mancha de tinta. Esa heredada imposibilidad de frenar el daño. Aunque en algo triunfó la madre de tu madre. De algún modo se cobró el golpe de tu padre sobre su rostro. Porque pudiste agitar en tu sangre a esa abuela, y quitarle al hombre la potestad. A tu progenitor la de elegirte el marido. A tu marido la de ejercer su paternidad. Siempre seré tuya. Qué puede el barrilete sin el pesado hilo.
Me soñaste para continuar la estirpe que te había repudiado. Quizás por eso me reconocías tal como me negabas. La primera vez que me negaste acababa de salir de tu útero. La sangre todavía estaba fresca. La enfermera terminaba el turno y no querías tenerme en tus brazos. Nací oscura como mi padre. Yo no podía ser. Qué puede engendrar la huida, después del encierro.
Qué puede el deseo arrinconado, más que la equivocación. 
Qué puede mi lastimadura ante tu pequeña conquista.
Qué puede inaugurar el paso sobre el borde.
Qué puede otra tarde amarilla y otra tarde amarilla.
Qué puede la linterna en la noche blanca.

DIOS OTRA VEZ

Hace tiempo un pianista encontraba la forma de contar este día
no sé cómo lo hizo pero
esos golpes de niños lastimados en fuga
aquellos silencios puestos a rodar por escalera
reiteraciones de monstruo que no muestra el rostro
las duras ramas de los árboles sacudidas
y la soga también
Entre sus dedos y la larga cabellera del piano
logró tender la soga que se tensa hoy
cosas indefinidas crepitan sobre el techo
solo oídas por la misma inquietud que instaura al pianista
como a un dios obsceno
aquel que recobra la creación en el temblor de la criatura
en el momento exacto en que su condición divina se revela
Hace tiempo un pianista reconocía en el aire la explosión y la pausa
solo oídas por esta inquietud arrinconada contra su digitación
como ante un amante soberbio
aquel que da en su cuerpo la llave y la cadena
No sé cómo lo hace pero triunfal y rapaz
sabía dónde dolería este sol apagado
puso las ratas suficientes y el sueño tardío de los vecinos
igualó la siesta calle a calle
contra la gran pared de este día
amarillo sucio sobre amarillo encendido
La inquietud se arrodilla ante él
y el pianista lo hace
de a poquito
tal como corresponde al día de hoy
descarga las piedras sobre las que caminaré
tacha las voces a punto de decir un nombre
de a poquito como si no lo hiciera
pero lo hace
Traza la precisa sombra del cielo de hoy sobre los párpados
aquella destemplanza apenas insinuada en el despertar
en su distante interpretación ya preparada
correspondiendo al día de hoy
el pianista hace de dios
y  la disonancia es total como en una despedida.


VIAJE

El viaje revuelve también los huesos
¿gesto adivinatorio de un astro mayor?
Nada acaba de ser ajeno
pero en el cuerpo hay otra sombra
¿será alguno el lugar que nos concierne?

Aparece la luz a la boca
¿lo que la boca no puede?
El viaje ofrece un mundo esquivo al ojo
lo que el ojo quisiera llevarse
¿esto lo hicieron otros hombres para quién?

El viaje toca como el agua
pero en la carne hay otro viento
¿gesto condenatorio de un astro menor?
El sabor siempre evoca
¿lo que la memoria va a perder?

Todo instante hace de pez
capturado por la cola.


El ojo irrumpe en el cuarto
volcando sobre el parquet
las telarañas del sueño
el piso detiene la caída
que los pies no sostienen
y esa caída no incluye al cuerpo
pero lo acusa
hay entonces un hombre
hay agua que corre
hay luces prendidas
no hay viento
un beso nace para morir
sobre la mejilla
de la que todavía duerme
como un estandarte
una marca
el anillo entra en el dedo de él
como si ella estuviera
vigil y alerta
donde ella no lo sueña
y está dormida
el ojo acierta con la cerradura
la calle acierta con el hombre
la calle devora al cuerpo
pero no lo acusa.


¿Cómo habrá sido el camino
entre un campo y otro campo?
¿O se trataba de un campo largo, ancho,
apenas dividido por un trazado fino de alambre?
Eran dos campos porque eran dos familias
que después serían tres más.
Mi abuelo y su hermano y su hermana
Mi abuela y su hermana y su hermano.
¿Es el amor una cuestión de roce, de vista, de oído?
Lo próximo o lo único. Llegarían las voces
de una familia al aire del campo de la otra.
Algún perfume escapando debajo de la camisa,
entre los pliegues del vestido. Alguna forma
cabalgando a la hora en que ya casi no queda luz
y la sombra recién despierta no ha acabado de
comérselo todo.
Dos familias bajo el sol todos los días. El pueblo
dista quince kilómetros y un paseo
entre la polvareda. ¿Una de las madres ya murió?
¿La otra descuida la ausencia de la hija? ¿Un hermano
elige mirar a la vecina que su hermano no prefiere?
¿Serán uno o dos campos ahora? ¿Es el amor el viento
que agita, la res atascada, la caída del sol sobre esa línea fría?
El amor es lo que pasó en el reino del alambre.


En estas piedras crece el cactus
en el cactus varios de ellos grabaron
sus iniciales próximas
pedacitos de sonido para meterse dentro
varios de ellos se amaron de repente
una vez más o la última
como la piedra es dura aunque porosa
el acto del amor tuvo traducción
en el cuerpo carnoso aunque difícil
del cactus
Seiscientos millones de años antes
una fractura entre continentes no había ocurrido
América y África eran una
aún el cuarzo y la magnetita
los fenómenos erosivos
los cardos de espina
los portugueses ávidos
las ballenas arponeadas
los turistas buscando un paisaje
cada elemento punzante a mano
no se habían conjugado
en los pedacitos de sonido mudos
sobre la piel llagada del vegetal
Organismos multicelulares complejos
debieron ir desde la esponja
por una cadena de ojos y extremidades inciertos
hacia las funciones diferenciadas
capaces de creer que ante el mar
con el estandarte pequeño de una letra con otra letra
todo el esfuerzo de la naturaleza bastaría
para detener la grandeza dudosa de su amor
en el cuerpo de la separación ¿en la piedra? por violencia
(geológica)
en el cuerpo de la amputación ¿en el agua? por violencia
(predatoria)
en el cuerpo de la herida ¿en el verde? por violencia
(tierna)
La lengua de las ballenas ya no es un manjar para nobles
la espina del cactus no detiene el mal de amor.

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